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viernes, 23 de enero de 2015

Voces en el parque de Anthony Browne. Por Miguel Rojas Ibáñez


Voces en el parque

Voces en el parque es el título de una de las obras más reconocidas y aplaudidas de Anthony Browne. Este autor británico es respetado por su trabajo dentro del campo de la ilustración y de la confección de obras dirigidas al público infantil, y como se puede apreciar durante la lectura de este álbum ilustrado, esa fama desde luego es totalmente merecida. Además, Browne es también muy conocido por uno de sus rasgos más personales como ilustrador de sus propias obras, como es su tendencia a que todos sus personajes sean gorilas y tengan apariencia simiesca.

            Este álbum ilustrado se plantea a través de un argumento que a priori parece sencillo pero que esconde cierto grado de complejidad narrativa, además de una serie de matices muy relevantes, y es que la obra narra un momento espacio-temporal concreto como es el encuentro entre cuatro personajes que coinciden entre ellos durante un paseo por el parque un día cualquiera. Esta base argumental le sirve a Browne para dividir su obra en cuatro partes, o voces como él las llama en el álbum, explorando en cada uno el encuentro en el parque según el punto de vista del personaje correspondiente, con lo cual el autor va a aprovechar ese momento para retratar los sentimientos y los pensamientos de los personajes protagonistas ante los hechos sucedidos.

En cuanto a los personajes de la obra, por un lado tenemos a una mujer gorila adinerada y altiva que decide sacar a su perro a pasear en compañía de su hijo Carlos, otro de los personajes al cual el autor le concede su propia visión o voz en la obra y que se trata de un niño solitario y tímido, mientras que por otro lado tenemos a un hombre gorila de clase social más humilde, deprimido por su situación de desempleo laboral y que también decide sacar el perro a pasear, pero en este caso, acompañado por su hija Mancha, quien también tiene su propia voz dentro de la obra y que se revela como el personaje más alegre y desprejuiciado de los cuatro, consiguiendo entablar lazos de amistad con Carlos y animar a su padre.

Voces en el parque, además de su entramado narrativo, aborda el tema de los prejuicios, especialmente los sociales, y de cómo estos pueden llegar a condicionar a las personas a la hora de ver y observar el mundo de una manera distinta a los demás. El ejemplo más claro en la obra lo encontramos en los personajes de los padres, especialmente en el de la madre de Carlos, una gorila millonaria, arrogante y altanera, una mujer que parece no conocer la felicidad y que desprecia tanto al perro de Mancha como a la propia niña, a los que califica de andrajosos y callejeros, sin darse cuenta de que su propio hijo está disfrutando del encuentro con Mancha y es feliz con su nueva amiga.

Y como álbum ilustrado que es, la historia que narra Voces en el parque forma un todo indisoluble con las imágenes que la acompaña, siendo algo más que un mero complemento narrativo, adhiriéndose a los hechos narrados para así recalcar una serie de ideas, matices o sentimientos. Así, Browne consigue dotar de una profundidad visual a la historia que gracias al dibujo, que ayuda a reforzar la expresión de los sentimientos y pensamientos propios de los personajes protagonistas de la obra.

Finalmente, señalar que Voces en el parque es un álbum ilustrado muy recomendable, no solamente por su narrativa e ilustración, sino también por su postura final en la cual se deja claro que la realidad no está compuesta por una sola visión del mundo, sino que, en realidad, se compone de muchas y muy variadas, estando cada una condicionada por una serie de factores psicológicos, sociales o culturales. Por eso creemos que se trata de una obra indispensable desde un punto de vista didáctico, puesto que permite la posibilidad de comentarla por parte del alumnado en el aula desde varios puntos de vista muy distintos entre ellos. 


martes, 13 de enero de 2015

Voces en el parque (Laura Almodóvar)

Sin duda, Anthony Browne sabe cómo enfocar ciertas reflexiones captando la total atención del lector, y sobre todo, mostrando un tierno cuidado en cada uno de sus álbumes ilustrados. Con casi cuarenta títulos publicados, Voces en el parque, de apariencia sencillo y fácil de leer, va mucho más allá. No sólo se trata de un cuento mediante el cual disfrutar de un gran número de esmeradas ilustraciones, y de una historia entrañable, sino también de una excelente enseñanza: la solidaridad. Y claramente, este valor podremos compartirlo con aquellos niños y jóvenes que lean el libro.

Observamos que el cuento cuenta con tres partes bastante diferenciadas, pero a su vez, son cuatro partes bifurcadas en cuatro vías distintas, que en el transcurso de la historia se juntarán, ¿y dónde se dará esta unión? En el parque.

A simple vista, el cuento comienza con el paseo de una madre, su hijo Carlos y Victoria, la perra de estos, por un parque cercano. Allí, coincidirán con Mancha, su padre y su perro, Alberto. Es aquí donde emergerá una hilada trama de las cuatro vías de las que hablábamos, las cuatro voces que le aportarán al lector diversos puntos de vista sobre un mismo hecho. Ésta es la genialidad del cuento, el estudio de cómo, en el día a día, depende todo de la forma en la que se interpreten las cosas y el color que se le dé. Circunstancias, situaciones, reflexiones…, en resumen, diferentes maneras de vivir la vida que el autor deja caer marcando con fuerza cada palabra del texto.

Por supuesto, cabe destacar las ilustraciones del álbum, el colorido, la forma de moldear las distintas estaciones del año, las sombras, las metáforas camufladas, la autoridad de la madre siempre presente mediante los sombreros, los árboles, el disfrute de los dos perros… El modo de expresar el recelo, la nostalgia, la ilusión y la alegría plasmada en las cuatro voces, en nuestros cuatro protagonistas.

En la primera voz, que pertenece a la madre de Carlos, se muestra cierto atisbo de superioridad. No acepta el hecho de que su hijo se mezcle con Mancha, por ser hija de un señor pobre (la cuarta voz) y por cuestión de prejuicios sociales. No se da cuenta de que, por su afán de ser así, no disfruta de la estancia en el parque, no disfruta de la vida. En cambio, la fácil relación de los perros, la amistad que surge entre ambos niños, o la felicidad que emerge del padre de Mancha, a causa del disfrute en el parque, es un buen enfoque para mostrarnos el modo de interpretar las situaciones por parte de cada persona.

Como decía, la segunda voz es la de Carlos, quien sólo se preocupa por disfrutar, aunque tenga que aceptar que la autoridad de su madre le interrumpa sus juegos. Esa tarde, triste y solitario, tendrá que volver a su gran casa bajo las órdenes de su madre.
Mancha, la tercera voz, valora de una forma espléndida la amistad que acaba de hacer con Carlos. Relata de forma entusiasta la tarde que ha pasado en el parque, aceptando que su familia no atraviesa buenos momentos económicos, pero, como niña que es, se merece la felicidad que le ha aportado Carlos.

En definitiva, se trata de una grata reflexión para los jóvenes lectores, ya que podrán ver cómo hay personas que, aun teniendo pocos recursos, son felices y disfrutan plenamente con ello. En cambio otros, ya sea por restricciones de sus superiores, o por propios prejuicios morales y sociales, simplemente se preocupan por sí mismos y por el bienestar de los suyos, sin tener en cuenta que los valores existen en cada persona y están siempre presentes. Las apariencias muchas veces engañan.