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martes, 20 de enero de 2015

Caperucita en Manhattan - David Tenza

 MARTÍN GAITE, Carmen: Caperucita en Manhattan, Madrid, Siruela.

     Caperucita en Manhattan es una obra de Carmen Martín Gaite. Esta escritora nació en Salamanca el 8 de diciembre de 1925 y falleció el 23 de julio de 2000, y se le destaca por ser hija de un notario liberal, se licenció en Filosofía y Letras en la universidad de su ciudad natal Salamanca y en 1950 se trasladó a Madrid y se doctoró en la universidad de la capital de nuestro país. Carmen Martín Gaite fue una de las figuras más destacadas de las letras españolas en la segunda mitad del siglo XX, recibiendo grandes galardones por sus obras, como el Premio Nadal, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, el Premio Castilla y León de las Letras y el Premio Nacional de las Letras Españolas, entre otros. Su obra abarca distintos géneros, como el ensaño o la literatura juvenil, pero es en la narrativa donde se le destaca a la autora salmantina.
Esta obra fue publicada en el año 1990 en Madrid por la editorial Siruela, y considero que es un libro que puede entenderse sin ningún tipo de problemas para los alumnos del primer ciclo de la ESO, es decir, a partir de los 10 años, ya que tanto el lenguaje que se usa como el argumento que de desarrolla en el mismo no supondrán ningún tipo de dificultad para ellos. Es más, se utilizan rasgos infantiles como la comparación del plano de Manhattan con un jamón o las “farfanías” que se inventa Sara Allen que confirman que es una obra destinada a un público infantil.
     Caperucita en Manhattan narra la historia de Sara Allen, una niña que vive en Nueva York, más concretamente en Brooklyn, con una familia sencilla. Su madre cuida ancianos, su padre es fontanero y su abuela es una antigua estrella musical, cuyo nombre artístico es Gloria Star, es una mujer libre que vive por su cuenta y vive en Manhattan. Sara es una niña con una gran imaginación que le sirve para inventarse historia que ella misma protagoniza, además de ser una asidua lectora e inventarse su propio vocabulario con palabras como “miranfú”, a las que llama farfanías. Sara adora a su abuela Rebecca Allen, por ser una mujer libre y vivir en el lujoso barrio de Manhattan, el cual visitaba con su madre todos los sábados acompañadas de una tarta de fresa, la cual le salía muy sabrosa a su madre con una receta que nunca había salido de su familia.
     Sara es una niña con mucha intriga, desea recorrer el mundo y mira el exterior con ilusión de conocer todo lo desconocido, mientras que su madre es una mujer convencional y muy rutinaria a la que siempre le gusta hacer lo mismo. Por ese motivo, Sara se identifica más con su abuela Rebecca, a la que mira con entusiasmo y a la que desea imitar y seguir su modelo. Su afición por la lectura y los viajes le viene por Aurelio Roncali, un novio de su abuela al que nunca llegó a conocer, aunque ella lo deseaba con todas sus ganas, ya que le regaló a distancia sus primero libros y el plano de Manhattan, que ella comparaba con un jamón por su forma. Cuando la joven niña se entera de que nunca va a conocer al señor Roncali, cae enferma con fiebres y le produce una gran tristeza, ya que soñaba con conocerlo y visitar su tienda de libros llamada El Reino de los Libros.
     Cierto día, los padres de Sara se ven obligados a dejar a su hija al cuidado de sus vecinos y ella decide escaparse e ir a Manhattan vestida con su abrigo rojo y su cesta de mimbre con la tarta de fresa. Cuando llega en metro conoce a Miss Lunatic, una vagabunda a la que ve llorando tirando en el suelo. Esta señora completa la figura de la abuela del cuento original de Caperucita, pero es la gran diferencia con el cuento tradicional ya que es un personaje más moderno, que transforma su voz y su rostro al hacer el pacto de sangre con Sara. Este enigmático personaje le dice a la joven niña que le puede llamar Madame Bartholdi, que es la madre del escultor de la estatua de la Libertad, y que ella misma es el espíritu de la libertad, y cuando se transforma se le pone la cara de la estatua.
     Más tarde, Sara conoce al dueño de El Dulce Lobo, que era conocido como el Rey de las Tartas, llamado Edgar Woolf, que también tiene diferencias con el lobo del cuento tradicional ya que está obsesionado con su negocio porque a nadie le gusta la tarta de fresa que se ofrece en su gran multinacional. Este personaje engaña a la niña para que le dé la receta de la tarta de fresa de su madre diciéndole que vaya a casa de su abuela en su mejor limusina, mientras que él llega antes porque hace que ella vaya mucho más lenta dando vueltas por la ciudad. La historia finaliza cuando Sara ve a su abuela bailando con Mister Woolf, que era un gran admirador suyo cuando era joven, y la niña utiliza una extraña moneda que le dio Miss Lunatic para llegar a la estatua de la Libertad, donde se puede deducir que vivirá más aventuras, ya que es un final abierto.
     En cuanto a la estructura del libro, se trata de un relato en tercera persona que está dividida en dos partes: la primera de ellas es cuando Sara Allen sueña con la libertad, y en la segunda vive la aventura como equivalente a la aventura de Caperucita tradicional en el bosque. Además, la obra se divide en trece capítulos, dejando un final abierto en el último de ellos. El narrador es omnisciente, ya que conoce todos los detalles de la historia y los pensamientos de los personajes, aunque no participe en el transcurso del libro. El lenguaje que se utiliza es muy sencillo, por lo que a los alumnos les resultará muy fácil comprender la obra. Por el contrario, aparecen bastantes descripciones que son bastante largas, por lo que a los jóvenes alumnos se les puede hacer bastante aburrido en ese aspecto, aunque se trata de descripciones fluidas pese a la longitud.
     Podríamos decir que estamos ante un libro de fácil comprensión y con un argumento sencillo y claro, con el tema de la libertad como base de la obra. Ese papel lo encarna la abuela de Sara, Rebecca, y también la vagabunda Miss Lunatic, con la joven niña deseosa de conseguirla, ya que como dice en el libro, todo niño de Brooklyn mira la ventana deseoso de libertad y de conocer el gran barrio de Manhattan, que es donde la abuela de Sara, más concretamente en Morningside. En ese barrio anda suelto “el vampiro del Bronx”, que aunque no aparece en la obra, desempeña el papel que tenía el lobo en el cuento tradicional, ya que a Sara le advierten que no debe ir por el parque de en frente de casa de la abuela porque ese asesino anda suelto, lo mismo que ocurría en el bosque con el lobo.
     Para concluir, podemos decir que Caperucita en Manhattan es una novela que puede ayudar a los jóvenes alumnos a ver lo que hay detrás de los cuentos y también les puede ayudar a reflexionar sobre la libertad y cómo debemos afrontarla. El tema de la libertad, sumado con la facilidad a la hora de comprender la obra, creo que sería una buena elección trabajarla con cualquier ciclo de secundaria.


lunes, 19 de enero de 2015

Reseña de Caperucita en Manhattan por Azucena Pereira Pérez.

Título:
Caperucita en Manhattan 
Autor:
Carmen Martín Gaite
Año de publicación:
1990
País:
España
Personajes: 
Sara Allen, Miss Lunatic, Mister Wolf
Editorial:
Siruela
Páginas: 
226


Carmen Martín Gaite es una novelista, ensayista, cuentista, poeta y autora de teatro salmantina nacida en el año 1925 que destaca por haber sido la primera mujer a la que se le concede el Premio Nacional de Literatura con El cuarto de atrás en 1978, y por haber ganado en 1994 el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su obra. En 1955 publica su primera obra, El balneario, y obtiene por ella el Premio Café Gijón. Dos años más tarde, recibe el Premio Nadal por Entre visillos. 

Caperucita en Manhattan narra la historia de Sara, una niña de diez años bastante fantasiosa y despierta que reside en Brooklyn y cuyo mayor sueño es desplazarse a Manhattan para llevar a su abuela la famosa tarta de fresa de su madre, pero sin la compañía de un adulto. Su abuela es una vieja gloria, fue cantante en su época joven, estuvo casada varias veces y conserva un espíritu joven y despreocupado, lo que despierta en Sara la total admiración. Siendo esta una historia con una Caperucita y su abuelita, no podía faltar el lobo, en esta ocasión representado por Mister Wolf, un multimillonario pastelero que vive en un rascacielos con forma de pastel y que sueña con conseguir la receta perfecta de la tarta de fresa. Pero en esta novela encontramos también un personaje que llenará la historia de magia y sabiduría, Miss Lunatic, una vieja mendiga que pasea por las calles de la ciudad ayudando a los ciudades y que vive de día escondida en la Estatua de la Libertad hasta que un día se tropieza con la pequeña Sara...

En lo que se refiera a la narración, la autora nos presenta la novela en torno a varias historias de los distintos personajes principales. En primer lugar tenemos a la pequeña Sara Allen, esa niña risueña y fantasiosa que anhela conocer la vida en libertad y poder pasear por las calles sin la compañía de su madre. Una joven con ganas de moverse, de observar y de aprender todo lo que la vida le pueda ofrecer. Por otra parte, tenemos a Miss Lunatic, una mujer misteriosa que desprende un halo de magia y que simboliza lo diferente. También nos encontramos con Mister Woolf, un hombre que no conoce nada más allá de su trabajo y que se replanteará su forma ver la vida tras encontrarse con Miss Lunatic y Sara Allen.

Caperucita en Manhattan es una opción para ofrecer a los alumnos que están en plena adolescencia puesto que se trata de una novela sobre el tránsito de la niñez a la vida adulta, donde prima la imaginación y el deseo y las ganas de una niña de crecer y ver mundo y descubrir los misterios que esconde una gran ciudad como Manhattan, una muestra de que la confianza en uno mismo nos puede llevar a conocer aspectos de la vida maravillosos como la libertad y la soledad. 


En síntesis, Carmen Martín Gaite crea una novela ágil y amena en su lectura, con unos personajes bien construidos y definidos y ofreciéndonos su particular punto de vista del cuento infantil clásico. Un viaje que puede gustar o no pero que, sin duda alguna, se ofrece como una historia cargada de momentos y recuerdos entrañables que pueden provocar que el joven lector se identifique con las ganas de libertad que siente Sara Allen.

martes, 13 de enero de 2015

Las hadas modernas, reseña del libro Caperucita en Manhattan. Luis Baeza Andreu

Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925 - Madrid, 2000) murió buscando la magia, como dijo, en algún momento su hermana, Ana Martín Gaite. Esta novelista, ensayista, cuentista, poeta y autora de teatro fue una de esas mujeres con gran personalidad que destacó en el panorama de las letras españolas. Una mujer con voz y con un pulso literario firme.
Martín Gaite escribió literatura fantástica, en ese intento por construir, en la línea de Ana María Matute, otro mundo posible. Huyendo del primer franquismo, la escritora luchó contra aquella educación recibida y peleó para continuar su camino.
La figura de esta autora recuerda, en algunos aspectos, a otras autoras tan personales como Virginia Woolf, Alejandra Pizarnik o Sylvia Plath, todas ellas mujeres que lucharon por encontrarle el sentido a sus vidas, esa búsqueda interior. Todas ellas, sin duda, tuvieron serias dificultades para encontrar su propio espacio y para combinar su faceta literaria con su faceta como mujer, en épocas complicadas, en donde el hombre tenía mucha importancia.
Caperucita en Manhattan es una obra interesante para trabajar con nuestros alumnos de secundaria por varias razones. La primera es la idea de la transformación del cuento clásico al moderno, cómo en la ciudad puede existir, y de qué forma, una caperucita contemporánea, basada en la del cuento pero urbanita. Otra idea importante es la recreación de escenarios abiertos, la gran ciudad, el viaje a Manjattan. Que los alumnos puedan vivir ese periplo tan pronto, salir del ambiente familiar, y conocer el país de la libertad desde su butaca es, sin duda, todo un lujo. Pero hay que ir con cuidado. ¿Todos los alumnos aceptarán por igual esta historia? La verdad es que puede suceder que los estudiantes rechacen, en un primer momento, la lectura de un cuento que ya han oído tantas veces y que, seguramente, consideren infantil. Por esa razón, el profesor ha de trabajar bien las actividades de pre lectura para motivar y hacerles ver lo interesante del libro.
Caperucita en Manhattan cuenta la historia de una niña que vive en Nueva York. De familia sencilla, Sara Allen es una gran lectora y posee una cualidad muy poderosa: tiene mucha imaginación. Cada sábado, la fantasiosa niña irá a Manhattan, acompañada por su madre, a llevarle una sabrosa tarta de fresas.  Un día, la pequeña se quedará sola en casa, a cargo de unos vecinos, y se escapará a la gran ciudad para llevarle el suculento postre. En ese periplo, la niña conocerá a varios personajes, a Miss Lunatic, una extraña vagabunda, y, como no puede ser de otro modo, al lobo, Mister Woolf. Su amiga Lunatic la llevará por ese bosque frondoso de grandes avenidas, luces, tráfico y grandeza. El lobo, por su parte, es un pastelero codicioso que querrá conseguir la receta de la famosa tarta de fresas. El cuento de siempre, la caperuza roja, la niña inocente, la abuela tierna y amiga, todo ello se reúne en este libro, visto desde una nueva perspectiva.
La protagonista de la novela es una niña que encarna a las heroínas infantiles. La niña tiene una sensibilidad especial con la que se relaciona con el mundo, es una niña que tiene complejo de superdotada, un ser crítico y que ansía la libertad, desmarcarse de las normas establecidas y crear su propio camino. ¿Quizás un poco como la propia autora? Este motivo de la libertad, de la rebelión, es un tema ideal para tratar en la adolescencia, un tema que puede conectar muy bien con los jóvenes a lo largo de libro. La narradora omnisciente de los cuentos de hadas nos adentra en un mundo en donde se deja en el centro de la acción a un personaje infantil, femenino, que toma el mando.
La lectura, por otro lado, es también un elemento clave en la obra ya que la protagonista se sumerge en el placer de leer para buscar nuevas aventuras, para transitar  ese otro mundo mejor y lleno de emociones. Es importante que los alumnos puedan conocer, a través de la experiencia lectora, que sus personajes también leen, que, como ellos, también están buscando cosas a través de las páginas y que, con toda seguridad, las encuentran.
Mezcla entre realidad y fantasía. Ése es un elemento seductor. A lo largo de la novela ambos planos se van trenzando y crean una atmósfera muy original. A través de ello los alumnos pueden apreciar que la realidad tiene mucho de ficción y que la ficción tiene mucho de realidad. Se puede trabajar, incluso, el tema de lo verosímil y lo inverosímil, qué podría suceder cuando tratamos de explicar un hecho real de forma fantasiosa, en forma de narración. Y lo contrario.
El libro está dividido en dos partes. La primera, sueños de libertad, está organizada en cinco capítulos, con sus títulos correspondientes (ejemplo: Viajes rutinarios a Manhattan, Evocación de Gloria Star). La segunda, la aventura, está organizada en trece, también con sus títulos pertinentes (Madame Bartholdi, Un pacto de sangre…) Esta forma de organizar la obra en muchos capítulos breves, con su título temático, ayuda a los estudiantes a asimilar mejor el libro.
Este libro, como decimos, es altamente recomendable puesto que juega con la herencia cultural, con los libros de toda la vida, y los sacude. Por eso, se puede entender como parodia al cuento original o como una nueva interpretación. Además, encontramos algunas similitudes con otros personajes de la literatura universal, como por ejemplo Alicia en el país de las maravillas, una niña también lectora y soñadora. Esto contribuirá a ir conformando el intertexto lector de nuestros alumnos, ya que irán comprobando, conforme acumulen lecturas, que todos los libros hablan de otros libros. Y que leer un libro es leer muchos.
Creatividad y originalidad. Estos serían, por último, los conceptos con los que me quiero quedar a la hora de abordar esta reseña. Esta novela es un ejemplo de que una niña, partiendo de su propia inteligencia e imaginación, es capaz de desarrollar las más trepidantes aventuras. Que la vida se construye a partir de uno mismo, desde la mirada.  El juego con el lenguaje, el contraste entre lo real y la ficción, así como la irrupción de lo fantástico en lo cotidiano, algo propio del realismo mágico de Gabriel García Márquez o Ana María Matute, por citar algún ejemplo, son los puntos fuertes de este maravilloso libro.  




domingo, 11 de enero de 2015

Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite


Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite

(Patricia Pastor Buades)



Caperucita en Manhattan, nos abre las puertas a una nueva y más modernizada versión del tradicional cuento recogido por Charles Perrault y posteriormente adaptado por los hermanos Grimm. En esta ocasión es Carmen Martín Gaite la encargada de adentrarnos en una Caperucita más actual y deformada por la época. Sara Allen es una niña de diez años con mucha imaginación, pero también muy inteligente, que vive en el barrio de Brooklyn con sus padres: su padre es fontanero y su madre cuida ancianos, aunque su pasatiempo favorito es el de cocinar, en especial, tartas de fresa de las cuales se siente orgullosa por su riquísima receta. Todas las semanas, madre e hija emprenden un viaje hacia Morningside, en Manhattan, para llevarle la tarta a su abuela Gloria Star, antigua cantante y bailarina famosa. Un día, su madre no puede acompañarla porque ha fallecido un familiar, y la niña –desobedeciéndola- hace el trayecto ella sola hacia casa de su abuela, viajando en metro donde se encontrará con el personaje de Miss Lunatic y paseándose por Central Park, el bosque moderno del cuento, donde conocerá al lobo feroz, Edgar Woolf.


Al ser un relato basado en la historia de Caperucita Roja, se pueden encontrar una serie de paralelismos muy bien acertados con este cuento: tanto por su carácter como por su ropa, Sara se convierte aquí en la Caperucita del cuento ya que lleva un impermeable rojo y una cesta de mimbre con la tarta para su abuelita –características que, por cierto, llaman la atención a Miss Lunatic, por lo que decide hablar con ella-; la abuelita a quien la pequeña adora y va a visitar siempre alejada de su casa; su madre sobreprotectora que la avisa de todos los peligros con los que se puede encontrar fuera de su casa; y Edgar Woolf, como su propio apellido ya nos indica, que jugaría el papel de lobo que engaña por el camino a la niña para llegar antes a casa de la abuela y quedarse y bailar con ella (y con la receta de la tarta de fresa, que es lo que quiere en realidad en esta versión). Igualmente, se ha imitado a la perfección algunas escenas o paisajes del cuento como es Central Park en lugar del bosque donde Caperucita se encuentra al lobo o la separación y el viaje en solitario de la niña desde su casa hasta la casa de su abuelita.

El único problema que puede causar una duda o ambigüedad en el lector es el del personaje de Miss Lunatic o Madame Bartholdi, ajeno a este cuento pero original de la pluma de Martín Gaite. No hay que pasar por alto este personaje, puesto que a pesar de su extravagancia y misterio que lo envuelve, esta mujer representa el tema principal que la autora ha querido darle a la obra: la libertad. Ella y la abuela representan para Sara esa libertad que ansía tanto ella como todos los adolescentes en esa etapa de su vida: por una parte, la abuela es una mujer que vive sola, sin ataduras, con varios amantes a lo largo de su vida, con ganas de divertirse en el bingo, bebiéndose una copa o paseando sin preocupaciones; por otra parte, Miss Lunatic es la imagen –real, fantástica y metafórica- de esa Estatua de la Libertad que tanto ha admirado Sara en su libro y por su ventana. Así, la protagonista se da cuenta de que el mundo real no le gusta, por lo que deja volar su imaginación e inventa palabras llamadas por ella misma, “farfanías”, donde se juntan ambos mundos.

De la misma manera, en la obra podemos encontrar una serie de temas o guiños que acercan al adolescente de hoy en día a la lectura de la novela. En primer lugar, los lectores se pueden sentir identificados con la sobreprotección y la exagerada preocupación de la madre de Sara por su hija, pueden ver las disputas diarias por la noche entre los padres de la niña, o pueden sentirse emocionalmente iguales a ella, inventándose palabras (como “miranfú”) y dejándose llevar por la imaginación.


El estilo de la novela es sencillo y, aunque cuenta con bastantes páginas, es fácil de leer gracias al léxico y al registro empleado a lo largo de sus líneas. Cuenta además con mucho diálogo, por lo que la historia se desarrolla a partir de la voz de los personajes y esto hace más llevadera y atractiva la historia. Asimismo, la estructura del relato es bastante sencilla y se divide en dos partes perfectamente separadas: en la primera, la acción se reduce al planteamiento del cuento y a describir el día a día de Sara y de los demás personajes que aparecen en la historia; sin embargo, en la segunda parte es cuando empieza la acción verdadera y la historia cambia de rumbo hacia un desenlace fantástico que llevará al lector a encontrarse con personajes del cuento como el lobo feroz o la abuelita, pero también con personajes propios de esta historia y ajenos al cuento como es el de Miss Lunatic. Y a su vez, la obra presenta la estructura propia de los cuentos que facilita su lectora: así, cuenta con una introducción bien clara (de los capítulos uno a cinco), un nudo (de los capítulos seis a doce) y un desenlace (capítulo trece) que la autora decide mantenerlo abierto con el fin de mantener la atención del lector hasta el último instante y dejándole reflexionar sobre el posible final que pudiera tener la historia. 

A esto se le puede añadir también las referencias que hace muchas veces la autora a otros cuentos como el de Robinson Crusoe de Daniel Defoe o el de Alicia en el país de las Maravillas de Lewis Carroll, dándole a su obra un contexto donde la protagonista vive, además de la de Caperucita Roja, cualquier historia fantástica. La escena que quizás nos pueda recordar más a este último otro relato, es el propio final de la obra de Martín Gaite donde Sara se adentra por el pasadizo fantástico que la llevará, en lugar del País de las Maravillas, al mundo de la Estatua de la Libertad. Estas referencias pueden servir igualmente al alumno para formarse un universo literario a partir de una sola obra.




Finalmente, y a modo de conclusión y opinión personal, se puede decir que Caperucita en Manhattan resulta una obra nueva y enriquecedora del tradicional cuento que todo el mundo conoce ya de Caperucita Roja, con un acercamiento a esa Nueva York del siglo XX que hace que la historia pueda acercarse a cualquier ciudad o rincón del mundo y a cualquier edad. El tema de la libertad que incluye en esta ocasión la autora puede causar algunas dudas o ambigüedades en el lector a la hora de interpretar la obra, y más cuando nos estamos refiriendo a alumnos de la ESO. Sin embargo, con una puesta en común y un debate acerca de este tema y del final de la obra tras su lectura, se podrían resolver sin ningún problema todas las dificultades que hayan podido surgir a lo largo del proceso lector. Además, al tratarse de una historia con final abierto, se podría utilizar este elemento para trabajar con los alumnos nuevas opciones de creación textual aplicadas a este capítulo y como método de reflexión sobre la construcción de adaptaciones de los cuentos tradicionales. 

sábado, 10 de enero de 2015

Intertextualidad y didáctica en Caperucita en Manhattam, Carmen Martín Gaite (Mª Ángeles Mellado Parreño)



Pero ¿a qué llaman vivir? Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras […] Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar…y vivir es reírse…





Así define Sara Allen, el personaje que da vida a la novela de Carmen Martín Gaite, su particular visión de la vida, un camino libre, autónomo e independiente del que no debemos pasar desapercibidos, indudablemente, como punto de inflexión de la original versión de Caperucita Roja de la mano de Charles Ferrault. Carmen Martín Gaite nos ofrece aquí un juego de metáforas e intertextualidad cuya trama se sitúa en la ciudad de Nueva York. Sara forma parte de una sencilla familia que vive en el barrio de Brooklyn; esta, acompañada de su madre, visita con frecuencia a su abuela para llevarle una tarta de fresas, aunque lo que realmente quiere es salir sin la compañía de su madre para enfrentarse al bosque urbano que representa la isla de Manhattam. El comienzo de la aventura llega cuando la niña, que apenas tiene diez años, se escapa de casa para llevarle a su abuela la famosa tarta de fresa y enfrentarse, por fin, a la grandeza de la ciudad. Sin embargo, el vaivén de gente, la desorientación y la soledad superan los ánimos de Sara, quien pronto se verá socorrida por Miss Lunatic, una vieja mendiga que servirá como eje conductor de la protagonista en su viaje hacia el bosque neoyorquino. Miss Lunatic alienta el espíritu libre e independiente de la protagonista, resultando ser esta la propia estatua de la Libertad.

Por antonomasia, el lobo es Mr. Woolf, un pastelero codicioso y multimillonario que quiere mejorar la receta de sus tartas. Tras su encuentro con la niña, este pretende engañarla para apoderarse de la receta de la famosa tarta de fresas, llevándola en limusina hasta casa de su abuela de forma que llegase él antes que la propia Sara. Sin embargo, la historia coge un rumbo alternativo a las expectativas del lector: Mr. Woolf resulta ser admirador de la abuela de Sara, que fue actriz cuando era joven, y al llegar esta a la casa encuentra bailando a los dos personajes. El final queda abierto a la imaginación del lector: Sara, en posesión de una misteriosa moneda que le regala Miss Lunatic, se dirige a la estatua de la Libertad dispuesta a comenzar sus aventuras. Aunque es aquí, sin duda, donde dan comienzo los episodios de nuestra Caperucita.

La figura de la estatua de la Libertad, la personalidad de la que hace alarde la protagonista, rechazando la rutina y la sumisión frente a su madre, la historia de la abuela y el personaje de Miss Lunatic, que alienta los ánimos de Sara para enfrentar la ciudad, constituyen un juego metafórico que ha de desentrañar el propio lector. Cabe señalar, en este punto, que la relación antagonista subordinación-revelación, reflejada en las mujeres de la obra,  bien puede aplicarse a la época en la que ambas obras fueron escritas: la Caperucita de Perrault (1697) responde al estricto régimen social en el que se hallaba inmersa la Europa del siglo XVII, frente a la democracia emergente reflejada en la Carmen Martín Gaite más contemporánea.

Dista, en gran medida, de ser este el único juego literario del que se vale la autora para presentar su obra: aparecen, aquí, numerosas metáforas (el lobo como símbolo de codicia, la ciudad como espacio de peligros o el viaje de Sara como proceso de crecimiento y madurez), antítesis (la figura de la madre frente a la abuela y a Miss Lunatic) y alusiones intertextuales, no solo al cuento de Ferrault, sino a otras obras que le sirven a la protagonista como referencia (Alicia en el País de las maravillas, Robinson Crusoe o Caperucita Roja). Existe, además, un guiño a la animación por la lectura en la propia protagonista; esta se inicia en los libros de forma muy temprana, le gusta inventarse palabras nuevas e incluso el novio de su abuela, Aurelio Roncali, es otra fuente de motivación para ella dada su profesión de librero.

La evidente intertextualidad que existe entre Caperucita en Manhattam y el cuento original de Charles Perrault, posteriormente retomado por los hermanos Grimm y su transgresora vuelta de tuerca a la historia, no solo es actualizada de acuerdo a los parámetros estéticos, temáticos y estilísticos de los que dejan constancia la literatura contemporánea de Martín Gaite; esta versión actualiza, además, los arquetípicos personajes que aparecen en ella y su correspondiente papel en la trama: como se ha mencionado anteriormente, prima la libertad frente a la sumisión, la independencia frente a la obediencia, la autorrealización frente a la subversión y el valor frente al miedo. Reivindica, así, la autora el papel de una protagonista capaz de afrontar el mundo, desde su condición de mujer, y dispuesta a enfrentar ese bosque urbano, relegando a un segundo plano a una Caperucita sometida a los parámetros de la obediencia y la sumisión. Cabe preguntarnos, de acuerdo a esto, si nuestros alumnos serán capaces de sopesar los límites entre la desobediencia y la libertad de la misma forma que nos propone la autora, algo que no servirá, de un modo u otro, para hacer a estos reflexionar.




Dado el rechazo que sienten los alumnos-lectores por la fantasía literaria, la cual vinculan intrínsecamente con la literatura infantil de la que ya se sienten despegados, es necesario introducir la obra –que podría estar destinada para cualquier grupo de la ESO–, de forma que estos puedan disfrutarla sin que sientan que están limitando su competencia lectora. Con ello, debemos ofrecer un nuevo punto de vista en el que hagamos saber al alumno que la Caperucita de Martín Gaite va más allá de la que cree conocer: esta ya no es un personaje superficial que ofrece una sencilla moraleja; aquí, Sara lleva implícito un trasfondo social y moral que reivindica la autora a través del controvertido papel de sus personajes. Desde el momento en el que al alumno se le presenta un reto que debe desentrañar para llegar al verdadero sentido transgresor de la novela, se activa su competencia lecto-literaria y este deja de creer que está ante una novela infantil que no merece atención alguna. Y es aquí donde entra en juego su propia motivación personal.

Aprovechando la intertextualidad que ofrece la obra ya desde el título que la presenta, se puede trabajar el intertexto de los alumnos en el aula a través de cuestiones guiadas. Así, valiéndonos de la competencia lecto-literaria de la que estos disponen, las actividades de prelectura estarán destinadas a la posible relación que establezcan ambas historias y las expectativas de las que partan antes de su lectura, valorando, más tarde, si esta ha respondido o no a lo que se esperaban con respecto al título original. Tras la lectura, se puede proponer que establezcan el paralelismo existente entre los personajes arquetípicos (la abuela, la niña, el lobo o el bosque/ciudad) y la acción (el encuentro entre Caperucita y el lobo, la codicia de Mr. Woolf o el viaje a Manhattam a casa de su abuela para llevarle una tarta), así como la valoración –positiva o negativa– del comportamiento de la protagonista. Es interesante, por otra parte, que desentrañen, a través del debate, el papel que asume en la novela la figura de la estatua de la Libertad: el alumno-lector ha de comprender la relación metafórica que existe entre la famosa estatua con respecto a la característica personalidad de Sara y cómo funciona aquella de eje conductor.

De la misma forma que las preguntas guiadas llevan al lector a descifrar el engranaje moral en la obra de la salmantina, hemos de advertir que la moraleja no es, por ende, la misma en ambos casos. En la Caperucita de Ferrault se advierte al lector infantil de las consecuencias de la desobediencia; sin embargo, Carmen Martín Gaite ofrece aquí una alternativa a su lector –ya no tan infantil– con el trasfondo de la obra: las ganas de crecer, el anhelo de ver mundo, las ansias de independencia y el valor del que hace alarde la protagonista de la historia que, finalmente, acude a la estatua de la Libertad para ver los secretos que esta oculta.

El final abierto de Martín Gaite nos ofrece, además, otras propuestas para trabajar en clase. Aprovechando que la historia aún no se da por acabada, podemos proponer a los alumnos que creen por sí mismos un final alternativo, más o menos semejante a la fábula original, de forma que el desenlace ofrezca una moraleja definitiva a su lector concebida por el propio alumno. Este tipo de actividades, junto con el eje temático de la lectura, no solo potencian el intertexto del alumno que lee la obra esperando encontrarse una fábula que ya conoce, sino que rompe sus expectativas y ofrece una visión paralela que nunca antes habían barajado: una Caperucita independiente y valerosa que ayuda al lobo a encontrarse a sí mismo. Además, si bien la lectura es abierta, el alumno tendrá que hacer uso de su imaginación potenciando, así, sus competencias creativas, artísticas y literarias, creando un todo que contribuirá a la formación de la competencia lecto-literaria del joven lector.

Tan avenida la obra a la explotación didáctica, Carmen Martín Gaite hace aquí un juego de metáforas internas y guiños intertextuales de los que el lector puede disponer en función de sus competencias y su valoración final. Esto no es sino un puente que se ofrece como vía entre lector y lectura, en el que este tiene licencia para dar rienda suelta a la imaginación, dejando constancia de su capacidad para una inventiva digna de tan controvertida fábula. El final abierto, las constantes referencias literarias, los personajes arquetípicos, lo metafórico, tan real como ficticio, y la reivindicación social que lleva por bandera el nombre de la autora, conforman el transgresor eje de la obra, convirtiéndola, así, en una novela viva y dinámica prestada a los vaivenes interpretativos de su lector-receptor.  


MARTÍN GAITE, Carmen (1925-2000), Caperucita en Manhattam, Ediciones Siruela S. A., Ed. especial XV aniversario, 2005.