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jueves, 8 de enero de 2015

César Mallorquí - La catedral (Laura Aguilar Peñalver)

La catedral es una novela publicada en 2000 por la editorial SM. Su autor, César Mallorquí (Barcelona, 1953) es periodista, guionista de radio, creativo de publicidad y escritor español de novelas de literatura fantástica y ciencia ficción. Dados sus estudios en Periodismo, dedicó su labor profesional a este sector hasta 1981, cuando lo cambió por la publicidad. Durante una década trabajó como creativo en varias agencias hasta que en 1991 volvió al mundo de la literatura.
Esta novela es de género histórico, ambientada en la Edad Media. El protagonista es un joven, Telmo Yáñez, hijo de un maestro constructor, que acaba de ser admitido en la logia de los francmasones gracias a su gran habilidad como escultor. Su padre debe partir a Santiago de manera misteriosa, y a su regreso tienen lugar sucesos extraños, que se suman a la aparición de tres caballeros templarios disfrazados de francmasones. Le comunican que Telmo debe acompañarles a Kerloc’h, Bretaña, donde está construyéndose una catedral y él es un elemento fundamental para intentar desentrañar la desaparición del maestro Thibaud.
Una vez en Kerloc’h, Telmo y los tres templarios se infiltran entre los trabajadores de la catedral para llevar a cabo su misión. Telmo es seleccionado para esculpir una figura de San Miguel para adornar el altar, además de trabajar en la construcción de la catedral. La financiación y organización del edificio corre a cargo de la Orden del Águila de San Juan, desaparecida durante mucho tiempo y sospechosa de un gran robo de los tesoros de la cristiandad.
Conforme avanzan los sucesos, el clima misterioso e incluso esotérico se adueña de la historia, pues el templo no está dedicado a Dios, sino a Lucifer. Una vez que Telmo ha descubierto esto, alerta a los templarios, pero ya es demasiado tarde y son encarcelados. A partir de este momento, y hasta el final, se sucede una serie de batallas para impedir que invoquen al demonio, aunque ya es demasiado tarde. Cuando miran al mar, cercano a la catedral ya construida, una imagen siniestra aparece ante sus ojos: cielo y mar se han unido en un torbellino del que nace Lucifer; sin embargo, la novela acaba de manera feliz. Los templarios derrotan a los miembros de la Orden del Águila de San Juan y Telmo vence al demonio, de manera que la vida de todos los habitantes de Kerloc’h vuelve a la normalidad.
La lectura de esta novela es amena e intrigante, ya que desde los primeros capítulos se presentan hechos misteriosos que no se resolverán hasta las últimas páginas. Cuando leemos esta obra no notamos en ningún momento que se trata de literatura juvenil, ya que el autor consigue que la historia, así como la manera de contárnosla, sea accesible tanto para un público joven como para uno adulto. Es un gran ejemplo para introducir a los lectores que nunca antes se hayan acercado a la novela histórica, pero también una muy buena obra para los amantes de este género.
El tratamiento de la intriga al final de cada uno de los capítulos nos hace sumergirnos más aún en el libro y sentirnos cada vez más ligados a los personajes, en especial a Telmo. El protagonista vive muchas experiencias y el lector las vive junto a él gracias a la gran tarea narrativa que realiza César Mallorquí. Además, a través de las fabulosas descripciones que hace sobre arquitectura podemos aprender mucho acerca de este mundo, como si nos encontrásemos en una clase de Historia del Arte.
Como lectores, esta novela deja muy buen sabor de boca, ya que continuamente se producen giros inesperados en la historia, sobre todo en los capítulos finales, donde el autor nos deja atónitos tras la resolución de cada uno de los misterios.
La catedral es una novela algo monótona en los primeros capítulos, pero enseguida engancha al lector y le arrastra al siglo XIII a través de la perfecta descripción que el autor realiza de la sociedad medieval. Gracias a esto nos puede servir de introducción al tema de la literatura medieval, como medio de contextualización de la época. Los alumnos podrían ver así cómo eran las costumbres en la Edad Media, los paisajes, las gentes, los gremios, etc.

Trabajar esta obra en el aula de Secundaria sería muy buena idea, puesto que probablemente gran parte de los alumnos quedarían enganchados a ella. Como ya veíamos, el misterio es uno de los elementos fundamentales de esta novela, por lo que si el docente sabe explotar esa cualidad, se puede conseguir que muchos de ellos la lean con entusiasmo. 

Jacinto Benavente - El príncipe que todo lo aprendió en los libros (Laura Aguilar Peñalver)

Jacinto Benavente (Madrid 1866- íd. 1957) fue un escritor conocido por ser el creador de la nueva comedia, caracterizada por un realismo en los diálogos y en los ambientes y por una crítica moderada contra las costumbres y convicciones de la burguesía española. El éxito le llegará a comienzos del siglo XX, especialmente con Los intereses creados (1907), considerada su obra maestra.
            En El príncipe que todo lo aprendió en los libros (1909) Benavente introduce principios educativos en escenarios fantásticos e infantiles. En esta obra el protagonista es un joven príncipe cuya única formación es la que ha sacado de los libros. En el momento en el que se enfrenta por primera vez al mundo real vemos cómo nada es como había visto en sus libros, lo que le llevará a vivir ciertos contratiempos.
            Los personajes junto a los que el Príncipe Azul emprende su viaje, el Preceptor y Tonino, su bufón, representan mundos totalmente diferentes, ya que el primero simboliza el conocimiento por la ciencia y el segundo es un criado pícaro cuyo principal interés es el de alimentarse y salvar la vida. Son los enviados por los Reyes para acompañar a su hijo a conocer el mundo para su futuro reinado. En una primera lectura, o desde el punto de vista del lector infantil, estos dos personajes son simplemente los acompañantes del Príncipe; no obstante, el lector juvenil ya puede ver que el Preceptor y Tonino representan dos actitudes o personalidades: la búsqueda del conocimiento y la supervivencia en el mundo real. Además de esto, son personajes tipo o arquetípicos recurrentes en la literatura universal que nos pueden servir para presentarles a otros similares, como por ejemplo el bufón en las obras de Shakespeare, o incluso en el mismo Benavente, Crispín de Los intereses creados.
            El reconocimiento de los personajes arquetípicos es una cuestión importante en la formación del lector literario en general, y en esta obra en particular. Si veíamos que los dos personajes secundarios citados son una buena muestra de ello, el protagonista, el Príncipe Azul, es todavía más arquetípico: representa la figura de Don Quijote de La Mancha. Es posible que en una lectura rápida o superficial no nos demos cuenta, pero el Príncipe se caracteriza con los mismos rasgos que el personaje más famoso de Cervantes: la fuente de toda su formación son los libros – de caballerías en Don Quijote y de hadas en nuestro joven príncipe -, sale al mundo real pensando que se va a encontrar lo mismo que en la literatura, y va encontrando por el camino a gente que le hace chocar de frente con la realidad.
            En el caso de la obra de Benavente el final es feliz, pues el protagonista acaba comprometiéndose con la princesa buena y se hace justicia. La escena última, donde los Reyes se reúnen con su hijo, contiene la moraleja del libro: la literatura y la imaginación son fundamentales, pero no debe olvidarse que la realidad no es exactamente igual. Esta cuestión puede utilizarse en el aula de 2º de ESO, por ejemplo, como introducción al Quijote, que se vería en 3º. Probablemente ya conocerían el nombre de Don Quijote de alguna lectura de Primaria, pero gracias a esta obra sabrían reconocer las características del personaje, o qué significa que algo sea quijotesco.
A su vez, esta obra puede ser usada en el currículum de Secundaria – e incluso previamente en Primaria – para que los alumnos conozcan a un autor clásico de nuestra literatura, Jacinto Benavente, sin tener que leer una obra más compleja como podría ser la ya citada Los intereses creados. Por ejemplo, y siguiendo con lo propuesto anteriormente, podríamos trabajar esta obra en 2º de ESO para introducir a los alumnos en la lectura de obras teatrales, e incluso podríamos proponer una representación por parte de los alumnos para trabajar la expresión verbal y no verbal, la dicción y la exposición frente al público.
La lectura de esta obra pueden realizarla los alumnos individualmente en sus casas, pero sería buena idea hacer lectura colectiva en voz alta en la clase. La lectura puede realizarla el profesor o bien los alumnos repartiéndose los diferentes papeles que aparecen. Quizá esta segunda opción llevaría más tiempo, pero es preferible porque pueden mejorar su nivel de dicción y de lectura en voz alta.

En definitiva, El príncipe que todo lo aprendió en los libros es una magnífica opción para trabajar en el aula de Secundaria, ya que a través de una obra no muy extensa, dinámica y divertida, podemos trabajar numerosos aspectos con nuestros alumnos al mismo tiempo que leen a un autor consagrado de nuestra literatura.