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sábado, 10 de enero de 2015

Intertextualidad y didáctica en Caperucita en Manhattam, Carmen Martín Gaite (Mª Ángeles Mellado Parreño)



Pero ¿a qué llaman vivir? Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras […] Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar…y vivir es reírse…





Así define Sara Allen, el personaje que da vida a la novela de Carmen Martín Gaite, su particular visión de la vida, un camino libre, autónomo e independiente del que no debemos pasar desapercibidos, indudablemente, como punto de inflexión de la original versión de Caperucita Roja de la mano de Charles Ferrault. Carmen Martín Gaite nos ofrece aquí un juego de metáforas e intertextualidad cuya trama se sitúa en la ciudad de Nueva York. Sara forma parte de una sencilla familia que vive en el barrio de Brooklyn; esta, acompañada de su madre, visita con frecuencia a su abuela para llevarle una tarta de fresas, aunque lo que realmente quiere es salir sin la compañía de su madre para enfrentarse al bosque urbano que representa la isla de Manhattam. El comienzo de la aventura llega cuando la niña, que apenas tiene diez años, se escapa de casa para llevarle a su abuela la famosa tarta de fresa y enfrentarse, por fin, a la grandeza de la ciudad. Sin embargo, el vaivén de gente, la desorientación y la soledad superan los ánimos de Sara, quien pronto se verá socorrida por Miss Lunatic, una vieja mendiga que servirá como eje conductor de la protagonista en su viaje hacia el bosque neoyorquino. Miss Lunatic alienta el espíritu libre e independiente de la protagonista, resultando ser esta la propia estatua de la Libertad.

Por antonomasia, el lobo es Mr. Woolf, un pastelero codicioso y multimillonario que quiere mejorar la receta de sus tartas. Tras su encuentro con la niña, este pretende engañarla para apoderarse de la receta de la famosa tarta de fresas, llevándola en limusina hasta casa de su abuela de forma que llegase él antes que la propia Sara. Sin embargo, la historia coge un rumbo alternativo a las expectativas del lector: Mr. Woolf resulta ser admirador de la abuela de Sara, que fue actriz cuando era joven, y al llegar esta a la casa encuentra bailando a los dos personajes. El final queda abierto a la imaginación del lector: Sara, en posesión de una misteriosa moneda que le regala Miss Lunatic, se dirige a la estatua de la Libertad dispuesta a comenzar sus aventuras. Aunque es aquí, sin duda, donde dan comienzo los episodios de nuestra Caperucita.

La figura de la estatua de la Libertad, la personalidad de la que hace alarde la protagonista, rechazando la rutina y la sumisión frente a su madre, la historia de la abuela y el personaje de Miss Lunatic, que alienta los ánimos de Sara para enfrentar la ciudad, constituyen un juego metafórico que ha de desentrañar el propio lector. Cabe señalar, en este punto, que la relación antagonista subordinación-revelación, reflejada en las mujeres de la obra,  bien puede aplicarse a la época en la que ambas obras fueron escritas: la Caperucita de Perrault (1697) responde al estricto régimen social en el que se hallaba inmersa la Europa del siglo XVII, frente a la democracia emergente reflejada en la Carmen Martín Gaite más contemporánea.

Dista, en gran medida, de ser este el único juego literario del que se vale la autora para presentar su obra: aparecen, aquí, numerosas metáforas (el lobo como símbolo de codicia, la ciudad como espacio de peligros o el viaje de Sara como proceso de crecimiento y madurez), antítesis (la figura de la madre frente a la abuela y a Miss Lunatic) y alusiones intertextuales, no solo al cuento de Ferrault, sino a otras obras que le sirven a la protagonista como referencia (Alicia en el País de las maravillas, Robinson Crusoe o Caperucita Roja). Existe, además, un guiño a la animación por la lectura en la propia protagonista; esta se inicia en los libros de forma muy temprana, le gusta inventarse palabras nuevas e incluso el novio de su abuela, Aurelio Roncali, es otra fuente de motivación para ella dada su profesión de librero.

La evidente intertextualidad que existe entre Caperucita en Manhattam y el cuento original de Charles Perrault, posteriormente retomado por los hermanos Grimm y su transgresora vuelta de tuerca a la historia, no solo es actualizada de acuerdo a los parámetros estéticos, temáticos y estilísticos de los que dejan constancia la literatura contemporánea de Martín Gaite; esta versión actualiza, además, los arquetípicos personajes que aparecen en ella y su correspondiente papel en la trama: como se ha mencionado anteriormente, prima la libertad frente a la sumisión, la independencia frente a la obediencia, la autorrealización frente a la subversión y el valor frente al miedo. Reivindica, así, la autora el papel de una protagonista capaz de afrontar el mundo, desde su condición de mujer, y dispuesta a enfrentar ese bosque urbano, relegando a un segundo plano a una Caperucita sometida a los parámetros de la obediencia y la sumisión. Cabe preguntarnos, de acuerdo a esto, si nuestros alumnos serán capaces de sopesar los límites entre la desobediencia y la libertad de la misma forma que nos propone la autora, algo que no servirá, de un modo u otro, para hacer a estos reflexionar.




Dado el rechazo que sienten los alumnos-lectores por la fantasía literaria, la cual vinculan intrínsecamente con la literatura infantil de la que ya se sienten despegados, es necesario introducir la obra –que podría estar destinada para cualquier grupo de la ESO–, de forma que estos puedan disfrutarla sin que sientan que están limitando su competencia lectora. Con ello, debemos ofrecer un nuevo punto de vista en el que hagamos saber al alumno que la Caperucita de Martín Gaite va más allá de la que cree conocer: esta ya no es un personaje superficial que ofrece una sencilla moraleja; aquí, Sara lleva implícito un trasfondo social y moral que reivindica la autora a través del controvertido papel de sus personajes. Desde el momento en el que al alumno se le presenta un reto que debe desentrañar para llegar al verdadero sentido transgresor de la novela, se activa su competencia lecto-literaria y este deja de creer que está ante una novela infantil que no merece atención alguna. Y es aquí donde entra en juego su propia motivación personal.

Aprovechando la intertextualidad que ofrece la obra ya desde el título que la presenta, se puede trabajar el intertexto de los alumnos en el aula a través de cuestiones guiadas. Así, valiéndonos de la competencia lecto-literaria de la que estos disponen, las actividades de prelectura estarán destinadas a la posible relación que establezcan ambas historias y las expectativas de las que partan antes de su lectura, valorando, más tarde, si esta ha respondido o no a lo que se esperaban con respecto al título original. Tras la lectura, se puede proponer que establezcan el paralelismo existente entre los personajes arquetípicos (la abuela, la niña, el lobo o el bosque/ciudad) y la acción (el encuentro entre Caperucita y el lobo, la codicia de Mr. Woolf o el viaje a Manhattam a casa de su abuela para llevarle una tarta), así como la valoración –positiva o negativa– del comportamiento de la protagonista. Es interesante, por otra parte, que desentrañen, a través del debate, el papel que asume en la novela la figura de la estatua de la Libertad: el alumno-lector ha de comprender la relación metafórica que existe entre la famosa estatua con respecto a la característica personalidad de Sara y cómo funciona aquella de eje conductor.

De la misma forma que las preguntas guiadas llevan al lector a descifrar el engranaje moral en la obra de la salmantina, hemos de advertir que la moraleja no es, por ende, la misma en ambos casos. En la Caperucita de Ferrault se advierte al lector infantil de las consecuencias de la desobediencia; sin embargo, Carmen Martín Gaite ofrece aquí una alternativa a su lector –ya no tan infantil– con el trasfondo de la obra: las ganas de crecer, el anhelo de ver mundo, las ansias de independencia y el valor del que hace alarde la protagonista de la historia que, finalmente, acude a la estatua de la Libertad para ver los secretos que esta oculta.

El final abierto de Martín Gaite nos ofrece, además, otras propuestas para trabajar en clase. Aprovechando que la historia aún no se da por acabada, podemos proponer a los alumnos que creen por sí mismos un final alternativo, más o menos semejante a la fábula original, de forma que el desenlace ofrezca una moraleja definitiva a su lector concebida por el propio alumno. Este tipo de actividades, junto con el eje temático de la lectura, no solo potencian el intertexto del alumno que lee la obra esperando encontrarse una fábula que ya conoce, sino que rompe sus expectativas y ofrece una visión paralela que nunca antes habían barajado: una Caperucita independiente y valerosa que ayuda al lobo a encontrarse a sí mismo. Además, si bien la lectura es abierta, el alumno tendrá que hacer uso de su imaginación potenciando, así, sus competencias creativas, artísticas y literarias, creando un todo que contribuirá a la formación de la competencia lecto-literaria del joven lector.

Tan avenida la obra a la explotación didáctica, Carmen Martín Gaite hace aquí un juego de metáforas internas y guiños intertextuales de los que el lector puede disponer en función de sus competencias y su valoración final. Esto no es sino un puente que se ofrece como vía entre lector y lectura, en el que este tiene licencia para dar rienda suelta a la imaginación, dejando constancia de su capacidad para una inventiva digna de tan controvertida fábula. El final abierto, las constantes referencias literarias, los personajes arquetípicos, lo metafórico, tan real como ficticio, y la reivindicación social que lleva por bandera el nombre de la autora, conforman el transgresor eje de la obra, convirtiéndola, así, en una novela viva y dinámica prestada a los vaivenes interpretativos de su lector-receptor.  


MARTÍN GAITE, Carmen (1925-2000), Caperucita en Manhattam, Ediciones Siruela S. A., Ed. especial XV aniversario, 2005.

jueves, 8 de enero de 2015

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Buenos días a todas y todos.

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Un cordial saludo y felices fiestas.

César Mallorquí - La catedral (Laura Aguilar Peñalver)

La catedral es una novela publicada en 2000 por la editorial SM. Su autor, César Mallorquí (Barcelona, 1953) es periodista, guionista de radio, creativo de publicidad y escritor español de novelas de literatura fantástica y ciencia ficción. Dados sus estudios en Periodismo, dedicó su labor profesional a este sector hasta 1981, cuando lo cambió por la publicidad. Durante una década trabajó como creativo en varias agencias hasta que en 1991 volvió al mundo de la literatura.
Esta novela es de género histórico, ambientada en la Edad Media. El protagonista es un joven, Telmo Yáñez, hijo de un maestro constructor, que acaba de ser admitido en la logia de los francmasones gracias a su gran habilidad como escultor. Su padre debe partir a Santiago de manera misteriosa, y a su regreso tienen lugar sucesos extraños, que se suman a la aparición de tres caballeros templarios disfrazados de francmasones. Le comunican que Telmo debe acompañarles a Kerloc’h, Bretaña, donde está construyéndose una catedral y él es un elemento fundamental para intentar desentrañar la desaparición del maestro Thibaud.
Una vez en Kerloc’h, Telmo y los tres templarios se infiltran entre los trabajadores de la catedral para llevar a cabo su misión. Telmo es seleccionado para esculpir una figura de San Miguel para adornar el altar, además de trabajar en la construcción de la catedral. La financiación y organización del edificio corre a cargo de la Orden del Águila de San Juan, desaparecida durante mucho tiempo y sospechosa de un gran robo de los tesoros de la cristiandad.
Conforme avanzan los sucesos, el clima misterioso e incluso esotérico se adueña de la historia, pues el templo no está dedicado a Dios, sino a Lucifer. Una vez que Telmo ha descubierto esto, alerta a los templarios, pero ya es demasiado tarde y son encarcelados. A partir de este momento, y hasta el final, se sucede una serie de batallas para impedir que invoquen al demonio, aunque ya es demasiado tarde. Cuando miran al mar, cercano a la catedral ya construida, una imagen siniestra aparece ante sus ojos: cielo y mar se han unido en un torbellino del que nace Lucifer; sin embargo, la novela acaba de manera feliz. Los templarios derrotan a los miembros de la Orden del Águila de San Juan y Telmo vence al demonio, de manera que la vida de todos los habitantes de Kerloc’h vuelve a la normalidad.
La lectura de esta novela es amena e intrigante, ya que desde los primeros capítulos se presentan hechos misteriosos que no se resolverán hasta las últimas páginas. Cuando leemos esta obra no notamos en ningún momento que se trata de literatura juvenil, ya que el autor consigue que la historia, así como la manera de contárnosla, sea accesible tanto para un público joven como para uno adulto. Es un gran ejemplo para introducir a los lectores que nunca antes se hayan acercado a la novela histórica, pero también una muy buena obra para los amantes de este género.
El tratamiento de la intriga al final de cada uno de los capítulos nos hace sumergirnos más aún en el libro y sentirnos cada vez más ligados a los personajes, en especial a Telmo. El protagonista vive muchas experiencias y el lector las vive junto a él gracias a la gran tarea narrativa que realiza César Mallorquí. Además, a través de las fabulosas descripciones que hace sobre arquitectura podemos aprender mucho acerca de este mundo, como si nos encontrásemos en una clase de Historia del Arte.
Como lectores, esta novela deja muy buen sabor de boca, ya que continuamente se producen giros inesperados en la historia, sobre todo en los capítulos finales, donde el autor nos deja atónitos tras la resolución de cada uno de los misterios.
La catedral es una novela algo monótona en los primeros capítulos, pero enseguida engancha al lector y le arrastra al siglo XIII a través de la perfecta descripción que el autor realiza de la sociedad medieval. Gracias a esto nos puede servir de introducción al tema de la literatura medieval, como medio de contextualización de la época. Los alumnos podrían ver así cómo eran las costumbres en la Edad Media, los paisajes, las gentes, los gremios, etc.

Trabajar esta obra en el aula de Secundaria sería muy buena idea, puesto que probablemente gran parte de los alumnos quedarían enganchados a ella. Como ya veíamos, el misterio es uno de los elementos fundamentales de esta novela, por lo que si el docente sabe explotar esa cualidad, se puede conseguir que muchos de ellos la lean con entusiasmo. 

Jacinto Benavente - El príncipe que todo lo aprendió en los libros (Laura Aguilar Peñalver)

Jacinto Benavente (Madrid 1866- íd. 1957) fue un escritor conocido por ser el creador de la nueva comedia, caracterizada por un realismo en los diálogos y en los ambientes y por una crítica moderada contra las costumbres y convicciones de la burguesía española. El éxito le llegará a comienzos del siglo XX, especialmente con Los intereses creados (1907), considerada su obra maestra.
            En El príncipe que todo lo aprendió en los libros (1909) Benavente introduce principios educativos en escenarios fantásticos e infantiles. En esta obra el protagonista es un joven príncipe cuya única formación es la que ha sacado de los libros. En el momento en el que se enfrenta por primera vez al mundo real vemos cómo nada es como había visto en sus libros, lo que le llevará a vivir ciertos contratiempos.
            Los personajes junto a los que el Príncipe Azul emprende su viaje, el Preceptor y Tonino, su bufón, representan mundos totalmente diferentes, ya que el primero simboliza el conocimiento por la ciencia y el segundo es un criado pícaro cuyo principal interés es el de alimentarse y salvar la vida. Son los enviados por los Reyes para acompañar a su hijo a conocer el mundo para su futuro reinado. En una primera lectura, o desde el punto de vista del lector infantil, estos dos personajes son simplemente los acompañantes del Príncipe; no obstante, el lector juvenil ya puede ver que el Preceptor y Tonino representan dos actitudes o personalidades: la búsqueda del conocimiento y la supervivencia en el mundo real. Además de esto, son personajes tipo o arquetípicos recurrentes en la literatura universal que nos pueden servir para presentarles a otros similares, como por ejemplo el bufón en las obras de Shakespeare, o incluso en el mismo Benavente, Crispín de Los intereses creados.
            El reconocimiento de los personajes arquetípicos es una cuestión importante en la formación del lector literario en general, y en esta obra en particular. Si veíamos que los dos personajes secundarios citados son una buena muestra de ello, el protagonista, el Príncipe Azul, es todavía más arquetípico: representa la figura de Don Quijote de La Mancha. Es posible que en una lectura rápida o superficial no nos demos cuenta, pero el Príncipe se caracteriza con los mismos rasgos que el personaje más famoso de Cervantes: la fuente de toda su formación son los libros – de caballerías en Don Quijote y de hadas en nuestro joven príncipe -, sale al mundo real pensando que se va a encontrar lo mismo que en la literatura, y va encontrando por el camino a gente que le hace chocar de frente con la realidad.
            En el caso de la obra de Benavente el final es feliz, pues el protagonista acaba comprometiéndose con la princesa buena y se hace justicia. La escena última, donde los Reyes se reúnen con su hijo, contiene la moraleja del libro: la literatura y la imaginación son fundamentales, pero no debe olvidarse que la realidad no es exactamente igual. Esta cuestión puede utilizarse en el aula de 2º de ESO, por ejemplo, como introducción al Quijote, que se vería en 3º. Probablemente ya conocerían el nombre de Don Quijote de alguna lectura de Primaria, pero gracias a esta obra sabrían reconocer las características del personaje, o qué significa que algo sea quijotesco.
A su vez, esta obra puede ser usada en el currículum de Secundaria – e incluso previamente en Primaria – para que los alumnos conozcan a un autor clásico de nuestra literatura, Jacinto Benavente, sin tener que leer una obra más compleja como podría ser la ya citada Los intereses creados. Por ejemplo, y siguiendo con lo propuesto anteriormente, podríamos trabajar esta obra en 2º de ESO para introducir a los alumnos en la lectura de obras teatrales, e incluso podríamos proponer una representación por parte de los alumnos para trabajar la expresión verbal y no verbal, la dicción y la exposición frente al público.
La lectura de esta obra pueden realizarla los alumnos individualmente en sus casas, pero sería buena idea hacer lectura colectiva en voz alta en la clase. La lectura puede realizarla el profesor o bien los alumnos repartiéndose los diferentes papeles que aparecen. Quizá esta segunda opción llevaría más tiempo, pero es preferible porque pueden mejorar su nivel de dicción y de lectura en voz alta.

En definitiva, El príncipe que todo lo aprendió en los libros es una magnífica opción para trabajar en el aula de Secundaria, ya que a través de una obra no muy extensa, dinámica y divertida, podemos trabajar numerosos aspectos con nuestros alumnos al mismo tiempo que leen a un autor consagrado de nuestra literatura.

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domingo, 4 de enero de 2015

La catedral - Ramón Pérez



La Catedral es una novela publicada en 1999 del escritor y periodista barcelonés César Mallorquí con la que obtuvo el Premio Gran Angular en dicho año. Autor de otras novelas como La Mansión Dax, El coleccionista de sellos El viajero perdido ha trabajado también como publicista y guionista de radio y se caracteriza por ser creador de novelas fantásticas y de ciencia ficción. Su libro La Catedral es una novela histórica con tintes fantásticos.
La Catedral alberga una historia trepidante contada en primera persona por un adolescente del reino de Navarra de finales del siglo XIII. Telmo Yáñez, hijo de un francmasón maestro constructor, es llevado en el día de su decimocuarto cumpleaños a la logia para ser propuesto como aprendiz de masón. A partir de su aceptación como tal dejará de ser un adolescente más y se convertirá, involuntariamente, en el elegido de Dios para salvar el destino de la humanidad.
La historia comienza en Estella, un pequeño pueblo enclavado en la ruta peregrina que desemboca en Santiago. De ahí su nombre, en honor a la estrella de Compostela. Telmo, además de un voraz aprendiz, es un fantástico imaginero en los pocos ratos libres que le dejan las obras de Santo Domingo en las que trabaja mientras el sol brille. Su vida da un vuelco cuando en apenas unos días, su monótono pueblo ve alterada su continua calma con la llegada de un jinete de Francia, primero, y del obispo de Pamplona, después. Ambos con un mensaje de vital trascendencia para nuestro protagonista, el cual desconoce por completo.
El padre de Telmo le hace ver que ha de partir a Bretaña para seguir con su formación; debe efectuar el Tour que él y el resto de aprendices de francmasones realizaron en su juventud. Se trata de un itinerario largo por diferentes poblaciones de Francia con el objetivo de conocer todos los tipos de técnicas y edificaciones para así completar sus estudios. Pero es mucho más que eso, su destino es la villa de Kerloc'h, en Bretaña, donde precisan imagineros ya que se está construyendo una majestuosa catedral y donde debe investigar la desaparición de Thibaud de Orly, un maestro constructor de renombre.
En apenas unos meses Telmo pasa de ser un joven anónimo a enrolarse en una investigación que conforme avance tendrá más dificultad, más intriga y más peligro. Lo que aparentemente es una simple catedral resulta ser un templo financiado por la oscura Orden del Águila de San Juan donde se invoca al anticristo y donde se encubren una serie de asesinatos y desapariciones.
Para su largo trayecto contará con la compañía de tres fieles caballeros templarios que representan a la perfección el papel de colegas de fatigas, excelsamente representado por Cervantes en la figura de Sancho en El Quijote. Además, se cruza con personajes tan variopintos como los valores y las sensaciones que encarnan. El amor adolescente aparece con Valentina, la hija del maestro Hugo de Gascuña, quien acoge a Telmo en Kerloc'h. También aparece la amistad sin condiciones en la figura de Korrigan, un pobre loco que entabla relación con nuestro protagonista. Y, por supuesto, el mal sale a escena con los personajes del Orden del Águila de San Juan (sus mercenarios turcos dirigidos por Corvan/Simón de Valaquia y el jefe de la Orden, Corberán de Carcassone). Este último sufre una transformación, pues pese a conocerse desde el principio de la novela que él era el jefe de tan tenebrosa organización, se comportaba con Telmo casi como un tutor cuando iba a tallar todas las mañanas a su fortificación.
Pienso que esta novela estaría más recomendada para alumnos del segundo ciclo de secundaria por su compleja trama y su amplio tecnicismo -que por otra parte da un realismo atronador- que se evidencia en vocablos como los siguientes: buril, arpillera, gubia, labriego, estabular, cabrestantes, jubones... El autor emplea a la perfección todas estas palabras de la época y, sobre todo, del argot de la construcción para que el lector se sumerja en una realidad que nunca ha conocido. La documentación es amplísima y ello implica que el alumno busque y aprenda mientras lee; ha de saber cuánto equivale el peso de once arrobas o la distancia de siete leguas, incluso la altura de algo que está situado a cuarenta pies del suelo. Sería una gran idea emplear esta obra para llevar a cabo una salida, coordinada con el departamento de Historia, a un museo con el objetivo de conocer mejor la Edad Media.
La Catedral es una historia trepidante, de impecable actualidad pese a desarrollarse ocho siglo atrás, puesto que los valores que refleja relacionados con la adolescencia podrían valer perfectamente en el día de hoy. Y por encima de todos resalta uno, el de la libertad del chico para elegir su propio destino, su propia vida. Su padre, antes de su partida hacia Kerloc'h le recuerda que la decisión es sólo suya, si lo desea puede no emprender esa aventura. Al aceptarlo en la logia le comunica que ser un francmasón conlleva ser un albañil libre y ello lo aplica durante toda la novela. Son claros los ejemplos del concurso de imagineros y el de la talla de San Miguel con Corberán puesto que siempre elige la opción de tallar la figura a su manera, y no según mandan los cánones. Los jóvenes se verán reflejados al reconocer la libertad que tienen para elegir su futuro y la gratitud que esto conlleva. Además, al final de su estancia en Bretaña deja claro que su devenir lo elegirá él rechazando las invitaciones de diversos amigos para irse a vivir a París y Roma.
La identificación del personaje del adolescente Telmo Yáñez con el lector es un éxito. La narración de los hechos en primera persona, sus precisos comentarios y aclaraciones -no sin cierto gracejo- y el torrente incesante de sucesos que le ocurren hacen que la simbiosis sea total.

El polizón de Ulises - Paula García Ortiz

El polizón de Ulises,
escrito por Ana María Matute e ilustrado por Hugo Figueroa (1965)

Ana María Matute ha sido una de las mejores escritoras españolas contemporáneas. Falleció en junio de este pasado año, dejando una amplia producción literaria en la que hay gran variedad de géneros e historias, si bien su estilo, muy personal, caracteriza cada una de sus páginas, ya sean obras juveniles o novelas para adultos. No es, por lo tanto, como en el caso de Miquel Obiols, una escritora que pueda definirse como de literatura infantil y juvenil únicamente, sino que sus obras para adultos son igual de importantes.
Como en el caso del Libro de las M’Alicias, la obra de Ana María Matute está llena de referencias intertextuales, especialmente con la obra teatral escrita en 1904 por el escritor escocés James Matthew Barrie, Peter Pan. El polizón del Ulises comienza, precisamente, con una cita extraída de esta obra: “Todos los niños del mundo, menos uno, crecen”, cita sirve a la autora para describir el tema del libro que presenta pues, tal y como ella misma afirma, “ésta es sólo la historia de un muchachito que, un buen día, creció”.
El polizón del Ulises nos cuenta la historia de un niño pequeño al que todos llaman Jujú, huérfano y criado por tres hermanas solteras que lo adoptan tras encontrarlo en la puerta de su casa en un cesto. Las tres hermanas son muy diferentes, y representan una forma de ser y de vivir que tratan de enseñar a Jujú: con ellas aprende Historia, Música, Arte y a trabajar duro como un buen terrateniente; también el placer por la lectura, tanto como medio para aprender (gracias a la tía Etelvina), como forma de viajar a otros mundos (gracias a la tía Leocadia). Esta imaginación que Jujú enriquece con los libros de aventuras le lleva a construir una suerte de velero en el altillo del desván, donde se siente capitán de un navío. En sus aventuras lo acompaña su único amigo, un perro pequeño al que llama Contramaestre, además de un gallo altivo y una perdiz un poco alelada.
Jujú sueña desde muy pequeño con escapar de la casa donde vive con sus tres tías, a pesar de que en ella es feliz, para vivir grandes aventuras. Sueña con viajar en un barco y ser capitán de verdad, para poder vivir todo aquello que ha leído a lo largo de los años. Sin embargo, la aventura llega a él cuando un preso se escapa, se esconde en la leñera y se lo encuentra Jujú. Poco a poco, el miedo inicial pasa a ser admiración, ya que Polizón, el preso, asegura ser un marino que ha viajado por todo el mundo y promete a Jujú llevarlo con él cuando escape.
El viaje se trunca desde el comienzo, pues Polizón no aparece y Jujú, sintiéndose traicionado, trata de ir tras él, cayendo al río. Polizón aparece para salvarlo y, finalmente, decide renunciar a su libertad para llevar a Jujú otra vez a casa, donde tiene que recuperarse del frío y del cansancio.
La historia, como puede comprobarse, es bien sencilla: Matute no nos cuenta más que la historia de un niño que se hace mayor. Y a esta simplicidad de la historia hay que sumar la sencillez del estilo de la autora que, si bien huye juegos retóricos y construcciones sintácticas complejas, no desdeña la calidad y la belleza mediante el uso de algunos cultismos y figuras retóricas.
Por otra parte, los dibujos de Hugo Figueroa ayudan al lector a la hora de imaginar todo lo que el relato nos va contando. No son muy abundantes, pero nos permiten observar detalles que se describen, por ejemplo, cómo es Jujú, cómo es el velero que inventa en el altillo, cómo son Contramaestre, el Almirante Plum y la señorita Florentina, cómo es Polizón, etc.
Es una obra que podría utilizarse en 2º y en 3º de la ESO, extrayendo en cada uno de los casos más o menos información. De nuevo, las relaciones intertextuales dan mucho juego para trabajar en clase: podemos hablar de la obra de Peter Pan y comentar las ventajas e inconvenientes de ser siempre un niño; podemos hablar también de la Odisea, acercando a nuestros alumnos el poema épico de Homero. También podemos trabajar con nuestros alumnos la invención literaria, pidiéndoles que imaginen que, al contrario de lo que ocurre en el libro, Jujú sí que se escapa con Polizón, de modo que cada uno deba contar una aventura que pueden vivir juntos.
Pero, más allá de todas las posibles actividades, creo que es un buen libro para jóvenes, tanto por el lenguaje y el estilo en el que está escrito como por el tema que trata. Nuestros alumnos pueden sentirse fácilmente identificados, pues las tres tías pueden ser un ejemplo de tres tipos diferentes de madres: una sobreprotectora, una más obsesionada con aprender algo concreto y otra más dura en cuanto al trabajo. Y, sin duda, las ansias de aventuras son algo común en los adolescentes, no importa la época.




MATUTE, Ana María (1965). El polizón del Ulises. Ilustrado por Hugo Figueroa. Barcelona: Editorial Lumen, S.A.