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domingo, 11 de enero de 2015

Morirás en Chafarinas

Morirás en Chafarinas, Fernando Lalana


 Dolly Britton Jiménez

Morirás en Chafarinas es la séptima novela de las más de cien que ha publicado el zaragozano Fernando Lalana. Abogado de carrera y novelista de profesión, Lalana se ha consagrado como gran autor de literatura infantil y juvenil en España. Muestra de ello son los galardones que ha recibido, en especial el XIV Premio Cervantes Chico otorgado por la Princesa de Asturias, doña Letizia Ortiz, en 2010 en reconocimiento a su carrera literaria.

En 1990 Lalana publica la novela juvenil de intriga Morirás en Chafarinas. Una historia en la que se sirve de sus propias experiencias en el servicio militar como base para escribir las aventuras que viven dos jóvenes en el acuartelamiento español de Regulares en Melilla con motivo de unas muertes en extrañas circunstancias y la aparente vinculación entre sí y con la heroína.  



El protagonista – un Cabo cuyo nombre no se especifica en el libro- cuenta los hechos en primera persona. Todo comienza un domingo y la historia se desarrolla en apenas una semana, tiempo más que suficiente para que se produzcan dos muertes por sobredosis, las de Júdez y Moliner; un asesinato en defensa propia, el de Villalba; y más sucesos.

El capitán Contreras le encomienda investigar las muertes de los dos primeros a Cidraque, el soldado más inteligente del cuartel. Éste le pide ayuda al Cabo quien, tras negarse inicialmente, termina por aceptar. Ambos empiezan a investigar hasta que poco después el capitán Gayarre mata al soldado Villalba (alegando defensa propia); en ese momento Contreras anula la orden de investigar. Sin embargo, Cidraque hace oídos sordos y, con ayuda del Cabo, en menos de cuatro días llenos de elucubraciones y pesquisas, descubre que la droga de las sobredosis de Júdez y Moliner estaba adulterada con venenos y que iba dirigida a Villalba.

También descubren los protagonistas que el centro de distribución de heroína de la ciudad era una lavandería, por lo que deciden ir a investigar. Allí, en una apasionante escena propia de película policíaca, se meten en líos y terminan huyendo de unos desconocidos. Para esconderse, el Cabo acude a casa de Elisa, la mujer de Contreras y con  quien empezaba a entablar una amistad especial. En su casa descubre que los dueños de la lavandería son precisamente Contreras y Gayarre y que Contreras será trasladado a Chafarinas al día siguiente, donde permanecerá durante seis meses.
La sorpresa llega cuando también destinan a las Chafarinas a Cidraque, que a estas alturas ya teme por su vida si se encuentra a solas con Contreras. Por ello, el Cabo decide hacer uso de un permiso de visita para acompañarle en el trayecto en barco a las islas. 



Una vez en las islas, y cuando ya tienen claro cómo se han montado el negocio de las drogas sus dos capitanes, llega la noticia de que Elisa ha muerto, por lo que Contreras volverá al día siguiente a Melilla... Comienza pues la cuenta atrás para pillarle con las manos en la masa. Al final, tras un gran giro de los acontecimientos, el protagonista termina la narración de la historia sin especificar claramente quiénes eran los buenos de la película.

El carácter intrigante de esta obra hace que su lectura sea infinitamente absorbente, por lo cual parece ideal para un público juvenil que esté descubriendo o afianzando su pasión por la lectura. Asimismo, Morirás en Chafarinas, está escrito en un lenguaje que combina el vocabulario propio del servicio militar, con el argot del mundo de la droga, pero sin caer en tecnicismos que dificulten la comprensión. Por ello, el nivel requerido de lectura es adecuado para cualquier curso de la ESO; sin embargo, dado que se tratan temas de asesinatos y drogas (en un momento dado incluso se tilda de “normal” el encontrar hachís y jeringuillas en el cuartel), sería más conveniente delimitarlo a los cursos de la segunda etapa de la educación secundaria, es decir, 3º y 4º de la ESO.

Otro rasgo que parece demostrar la adecuación de este libro a un lector joven, es el hecho de que los personajes de la historia vayan apareciendo uno a uno, y que los primeros capítulos lleven los nombres de los protagonistas de los mismos. Esto facilita la estructuración de la novela y permite al lector centrarse en las pistas para intentar averiguar qué ocurre, sin necesidad de tener que rebuscar en páginas pasadas para recordar quién era la persona de la que se vuelve a hablar.

Como ya se ha mencionado, Lalana consigue mantener el suspense desde el primer capítulo hasta la ultimísima frase de la historia, haciendo así honor a la catalogación de este libro como novela “de intriga”. Esta labor la consigue suministrando poco a poco la información que van descubriendo los protagonistas y añadiendo nuevas muertes, nuevas relaciones y, en general, nuevos misterios que hacen que la lectura de esta obra sea completamente amena. Y lo que es mejor, consigue que el lector se pare a reflexionar al final del libro para decidir cuál cree que es la verdad, la cual, con gran sutileza, Lalana deja entrelíneas a juicio del lector.

El misterio Velázquez

El misterio Velázquez, Eliacer Cansino


Dolly Britton Jiménez
El autor de esta obra es Eliacer Cansino, filósofo, sevillano y profesor de instituto con más de treinta años de experiencia. Entre sus obras literarias figuran numerosos títulos de literatura infantil, como Los ojos de Ícaro (1991), El gigante que leyó el Quijote (2005) y Mis primeras leyendas de Bécquer (2008). Pero no es sino la literatura juvenil con la que más ha destacado este autor, obteniendo premios tales como El Premio Ricardo Molina de Poesía, el Premio Internacional Infanta Elena y el Premio Lazarillo, obtenido este último por la obra que se analiza en estas líneas, El misterio Velázquez (1998).
                         
El Misterio Velázquez bien podría haberse titulado “El misterio Pertusato”, pues más que contar la historia del pintor, narra la de uno de los personajes que aparecen en su cuadro de Las Meninas: Nicolás Pertusato. Mezclando historia y fantasía con tal destreza que difumina la línea divisoria entre ambas, Cansino se sirve de los documentos encontrados -escritos por el propio Pertusato- para contar la historia de este muchacho italiano y, a su vez, responder con imaginación a los interrogantes que este personaje ha suscitado a lo largo de los siglos.

En la obra, Cansino da voz a Pertusato quien, a modo de explicación -o mejor dicho, de confesión- cuenta su historia desde su nacimiento, en un estilo que podría recordarnos al usado por el pícaro de Tormes. Huérfano de nacimiento y perteneciente a una familia de clase acomodada italiana, con tan solo seis años, Nicolasino es trasladado a España para ser uno de los enanos que sirvan a la Corte Española. Durante sus años de formación Nicolasillo (que es como le llaman desde que llega a España) demuestra su validez para memorizar y recitar versos y aprende a hacerse respetar pese a ser un niño y haber nacido enano.

Ya convertido en sirviente de los reyes, una concatenación de hechos y su amistad con Maribárbola (la enana pintada a su izquierda en Las Meninas) llevan al joven Nicolasillo a conocer al pintor Diego Velázquez, en el estudio del cual topa con un importante y misterioso personaje, Nerval. Gracias al gusto de Nerval por los versos de Dante que Nicolasillo recita, el enano se gana su favor y termina por servir en casa de Velázquez mientras éste realiza su obra maestra (en la cual, y por mediación expresa de Nerval y del Rey Felipe IV, aparecerá el muchacho en primer plano y a la derecha del mismo). 




A partir de ahí, con un lenguaje acorde a nuestros días pero con el deje típico de la época en la que sucede la historia, Cansino narra, sin escatimar en descripciones, una idea fantasiosa de cómo Velázquez ideó la estructura de Las Meninas tras hacer un pacto con quien, se insinúa, es el diablo: con Nerval.

Mediante una secuenciación lineal de los hechos que vive Nicolasillo hasta la muerte del pintor, Cansino transmite la información que Nicolás Pertusato redactara en los documentos históricos de que se disponen actualmente. Así, Pertusato explica por qué Velázquez aparece en el cuadro con la Curz de Santiago, mientras Cansino da su  propia explicación a hechos que los historiadores aún no han podido aclarar con exactitud, como por qué Nicolás parece un niño en el cuadro en vez de un enano y quién es el hombre de cara borrosa que aparece junto a Doña Marcela de Ulloa (véase la siguiente imagen). 



Dado que la trama del libro no ofrece tanta intriga como quizás se hubiese pretendido, no se trata de de una novela que enganche al lector desde el principio, sino que es más bien al final cuando se pone interesante. Por otra parte, cabe tener en cuenta que en el currículo escolar no entra el estudio de la pintura hasta Bachillerato. Estos dos aspectos me hacen concluir que este libro sería adecuado para alumnos de Bachillerato (pues hay más posibilidades de que tengan nociones de arte) o para alumnos de 4º de ESO, pues les sirve de aperitivo para la asignatura de Historia del arte. Además, independientemente de si escogen esa asignatura optativa o no, considero que en esos cursos los alumnos ya tienen una maduración lecto-literaria suficiente como para continuar con la lectura de algo que no es a priori fantasioso o que no tiene mucha acción hasta bien entrados en la narración.

Tras lo mencionado, solo queda destacar el mayor atractivo de esta novela: el autor sumerge al lector en una historia mitad cierta, mitad fantasiosa,  a través de la cual no sólo se descubren costumbres y modos de vida del s.XVII, sino que también se despierta el interés por la obra de uno de los pintores más importantes de todos los tiempos, Diego Velázquez, y sobre la historia y misterios que, aún a día de hoy, hay detrás de su gran obra, Las Meninas.

Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite


Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite

(Patricia Pastor Buades)



Caperucita en Manhattan, nos abre las puertas a una nueva y más modernizada versión del tradicional cuento recogido por Charles Perrault y posteriormente adaptado por los hermanos Grimm. En esta ocasión es Carmen Martín Gaite la encargada de adentrarnos en una Caperucita más actual y deformada por la época. Sara Allen es una niña de diez años con mucha imaginación, pero también muy inteligente, que vive en el barrio de Brooklyn con sus padres: su padre es fontanero y su madre cuida ancianos, aunque su pasatiempo favorito es el de cocinar, en especial, tartas de fresa de las cuales se siente orgullosa por su riquísima receta. Todas las semanas, madre e hija emprenden un viaje hacia Morningside, en Manhattan, para llevarle la tarta a su abuela Gloria Star, antigua cantante y bailarina famosa. Un día, su madre no puede acompañarla porque ha fallecido un familiar, y la niña –desobedeciéndola- hace el trayecto ella sola hacia casa de su abuela, viajando en metro donde se encontrará con el personaje de Miss Lunatic y paseándose por Central Park, el bosque moderno del cuento, donde conocerá al lobo feroz, Edgar Woolf.


Al ser un relato basado en la historia de Caperucita Roja, se pueden encontrar una serie de paralelismos muy bien acertados con este cuento: tanto por su carácter como por su ropa, Sara se convierte aquí en la Caperucita del cuento ya que lleva un impermeable rojo y una cesta de mimbre con la tarta para su abuelita –características que, por cierto, llaman la atención a Miss Lunatic, por lo que decide hablar con ella-; la abuelita a quien la pequeña adora y va a visitar siempre alejada de su casa; su madre sobreprotectora que la avisa de todos los peligros con los que se puede encontrar fuera de su casa; y Edgar Woolf, como su propio apellido ya nos indica, que jugaría el papel de lobo que engaña por el camino a la niña para llegar antes a casa de la abuela y quedarse y bailar con ella (y con la receta de la tarta de fresa, que es lo que quiere en realidad en esta versión). Igualmente, se ha imitado a la perfección algunas escenas o paisajes del cuento como es Central Park en lugar del bosque donde Caperucita se encuentra al lobo o la separación y el viaje en solitario de la niña desde su casa hasta la casa de su abuelita.

El único problema que puede causar una duda o ambigüedad en el lector es el del personaje de Miss Lunatic o Madame Bartholdi, ajeno a este cuento pero original de la pluma de Martín Gaite. No hay que pasar por alto este personaje, puesto que a pesar de su extravagancia y misterio que lo envuelve, esta mujer representa el tema principal que la autora ha querido darle a la obra: la libertad. Ella y la abuela representan para Sara esa libertad que ansía tanto ella como todos los adolescentes en esa etapa de su vida: por una parte, la abuela es una mujer que vive sola, sin ataduras, con varios amantes a lo largo de su vida, con ganas de divertirse en el bingo, bebiéndose una copa o paseando sin preocupaciones; por otra parte, Miss Lunatic es la imagen –real, fantástica y metafórica- de esa Estatua de la Libertad que tanto ha admirado Sara en su libro y por su ventana. Así, la protagonista se da cuenta de que el mundo real no le gusta, por lo que deja volar su imaginación e inventa palabras llamadas por ella misma, “farfanías”, donde se juntan ambos mundos.

De la misma manera, en la obra podemos encontrar una serie de temas o guiños que acercan al adolescente de hoy en día a la lectura de la novela. En primer lugar, los lectores se pueden sentir identificados con la sobreprotección y la exagerada preocupación de la madre de Sara por su hija, pueden ver las disputas diarias por la noche entre los padres de la niña, o pueden sentirse emocionalmente iguales a ella, inventándose palabras (como “miranfú”) y dejándose llevar por la imaginación.


El estilo de la novela es sencillo y, aunque cuenta con bastantes páginas, es fácil de leer gracias al léxico y al registro empleado a lo largo de sus líneas. Cuenta además con mucho diálogo, por lo que la historia se desarrolla a partir de la voz de los personajes y esto hace más llevadera y atractiva la historia. Asimismo, la estructura del relato es bastante sencilla y se divide en dos partes perfectamente separadas: en la primera, la acción se reduce al planteamiento del cuento y a describir el día a día de Sara y de los demás personajes que aparecen en la historia; sin embargo, en la segunda parte es cuando empieza la acción verdadera y la historia cambia de rumbo hacia un desenlace fantástico que llevará al lector a encontrarse con personajes del cuento como el lobo feroz o la abuelita, pero también con personajes propios de esta historia y ajenos al cuento como es el de Miss Lunatic. Y a su vez, la obra presenta la estructura propia de los cuentos que facilita su lectora: así, cuenta con una introducción bien clara (de los capítulos uno a cinco), un nudo (de los capítulos seis a doce) y un desenlace (capítulo trece) que la autora decide mantenerlo abierto con el fin de mantener la atención del lector hasta el último instante y dejándole reflexionar sobre el posible final que pudiera tener la historia. 

A esto se le puede añadir también las referencias que hace muchas veces la autora a otros cuentos como el de Robinson Crusoe de Daniel Defoe o el de Alicia en el país de las Maravillas de Lewis Carroll, dándole a su obra un contexto donde la protagonista vive, además de la de Caperucita Roja, cualquier historia fantástica. La escena que quizás nos pueda recordar más a este último otro relato, es el propio final de la obra de Martín Gaite donde Sara se adentra por el pasadizo fantástico que la llevará, en lugar del País de las Maravillas, al mundo de la Estatua de la Libertad. Estas referencias pueden servir igualmente al alumno para formarse un universo literario a partir de una sola obra.




Finalmente, y a modo de conclusión y opinión personal, se puede decir que Caperucita en Manhattan resulta una obra nueva y enriquecedora del tradicional cuento que todo el mundo conoce ya de Caperucita Roja, con un acercamiento a esa Nueva York del siglo XX que hace que la historia pueda acercarse a cualquier ciudad o rincón del mundo y a cualquier edad. El tema de la libertad que incluye en esta ocasión la autora puede causar algunas dudas o ambigüedades en el lector a la hora de interpretar la obra, y más cuando nos estamos refiriendo a alumnos de la ESO. Sin embargo, con una puesta en común y un debate acerca de este tema y del final de la obra tras su lectura, se podrían resolver sin ningún problema todas las dificultades que hayan podido surgir a lo largo del proceso lector. Además, al tratarse de una historia con final abierto, se podría utilizar este elemento para trabajar con los alumnos nuevas opciones de creación textual aplicadas a este capítulo y como método de reflexión sobre la construcción de adaptaciones de los cuentos tradicionales. 

Campos de fresas, Jordi Sierra i Fabra


 Campos de fresas, Jordi Sierra i Fabra 

(Patricia Pastor Buades)





Campos de fresas es una de las novelas juveniles del ya conocido autor catalán Jordi Sierra i Fabra. En ella, se nos cuenta la noche de fiesta de unos adolescentes que acaba en tragedia, puesto que una de los integrantes del grupo –Luciana- acaba en coma en el hospital, tras haber consumido éxtasis junto a todos sus compañeros. Esa noche de evasión pre-exámenes, se convierte pues en la peor noche de todos ellos y mientras la joven se debate entre la vida y la muerte, sus amigos –Cinta, Santi y Máximo- se preocupan por ella impotentemente; su amiga con problemas alimenticios la apoya como hizo ella en su día; y su novio –Eloy- se culpa por no haber estado junto a ella y haberse quedado a estudiar en su casa, por lo que decide ir con sus compañeros tras el camello que les vendió la droga para intentar ver las sustancias que contenía verdaderamente, al tratarse de una pastilla de eva y así, ayudar a los médicos con los fármacos para la recuperación de Luciana. Paralelamente a ellos, podemos destacar en el relato la visión de la propia familia de la chica y del médico, preocupados por su estado y la investigación de la policía que busca al traficante y al camello que van pasando estas nuevas drogas de diseño. Por último, se introduce el personaje del periodista que busca impactar con esta noticia juvenil y conseguir así la portada de la mañana siguiente.

Además de este planteamiento realista y cercano a los jóvenes de hoy en día por su temática, la novela posee un comienzo muy impactante, ya que empieza en acción y de manera súbita, algo que el lector no se espera, con la llamada que reciben los personajes sobre el estado comatoso de Luciana. Este es un método que engancha enseguida al lector, que nada más leer las primeras páginas se encuentra de lleno metido en la preocupación de los personajes por lo que le puede haber ocurrido a la joven y se pregunta ya cómo pudo haber llegado hasta ese estado. Es más, el  lector se siente atraído por esa intriga a lo largo de toda la novela, puesto que no se nos da de golpe la información de lo que le ocurrió, sino que se va explicando poco a poco en cada uno de los capítulos y a través de los diferentes personajes que estuvieron allí con la chica. Esta tensión además, se intensifica con escenas que buscan impactar al lector como la de la descripción de Luciana intubada en el hospital; y se acerca a ellos a través de escenas reales y cotidianas como la pelea que hay entre Eloy y Santi, las relaciones amorosas que tienen entre ellos (Cinta con Santi y Luciana con Eloy) o la venta de drogas dentro de la discoteca.

Igualmente, aparecen temas como las drogas, el amor, la amistad entre este grupo de chicos, la intención de sexo entre Santi y Cinta mientras sus padres no están, la diversión descontrolada de Raúl, las insistencias de los amigos en tomar droga para pasarlo bien aunque no quieran, las peleas entre ellos, la bulimia de Loreto, la relación distanciada con los padres en el caso de Máximo, la donación de órganos, el mundo del periodismo o la presión a la que está sometido el camello Poli por el traficante de drogas al venderlas. Estamos, por tanto, ante una novela que abarca muchos temas actuales y que abre reflexiones en el lector a través de los diferentes personajes y de sus diversas situaciones individuales, que confinan un mundo real en el que el lector se siente identificado por la cercanía de edad y en su propio comportamiento. Y qué mejor manera de hacerlo que a través de un lenguaje que se adapta en cada situación dependiendo de los personajes que estén interactuando, pero siempre muy cercano a los adolescentes, sobre todo cuando hablan entre amigos.

Finalmente, la estructura del relato es un tanto curiosa a la vez que original: los capítulos de la novela están repartidos según los movimientos de una partida de ajedrez, lo que provoca un ritmo rápido en la obra. Estos movimientos pretenden simbolizar a través de una metáfora estructural una partida de ajedrez donde las piezas blancas representan la lucha de la chica en coma por vencer a la muerte, que está representada por las piezas negras. El pensamiento de la joven, presente en algunos capítulos de la obra, posee siempre dos jugadas opuestas de blancas y negras donde se verá bien reflejada esa batalla constante por vivir y que marcará arrepentimiento y los sentimientos de ella aunque esté inconsciente en el hospital. Para alguien como ella, jugadora de ajedrez en la vida real, el planteamiento de cada movimiento supondrá un paso hacia la vida o hacia la muerte, mientras que para el lector que no se haya hecho con los movimientos de la partida, el camino que está tomando el relato se le escapa; sin embargo, las jugadas dobles en la mente de Luciana, nos ayudarán a comprender a qué altura de la partida se encuentra hasta su “jaque mate” a la muerte.

  


Por último y a modo de conclusión, se puede considerar Campos de fresas como  un libro que toma temas muy cercanos a los jóvenes de hoy en día y con una gran carga emocional y un importante mensaje social. Por lo tanto, recomendaría su lectura a jóvenes de una edad de a partir de los dieciséis años, que pueden vivir directa o indirectamente situaciones de este tipo relacionadas con las salidas nocturnas, el sexo, los trastornos de alimentación, la ética en el periodismo o la relación distante con sus padres de las que pueden aprender y reflexionar; y aunque la historia tenga un final feliz –elemento posiblemente alentador para quien lo lee, pero del cual se podría sacar una lectura errónea-, no nos podemos olvidar de la causa por la cual Luciana se encuentra en coma: las drogas. Sin embargo, también aparecen otros valores más positivos a lo largo del relato, como la amistad y el amor, que permitirá al lector quedarse con un buen sabor de boca. Asimismo, el lenguaje sencillo y cercano al suyo, les permitirá leer la obra sin ninguna complicación y les hará sentirse más cerca de los personajes y de la situación que están viviendo. Por su estilo y su contenido, la novela de Jordi Sierra i Fabra se ha convertido en una lectura muy recomendable para los jóvenes de hoy en día. 

sábado, 10 de enero de 2015

Jacinto Benavente, El príncipe que todo lo aprendió en los libros, (Carmen Mª Díaz Meca)

El príncipe que todo lo aprendió en los libros es una obra de Jacinto Benavente. Este autor nació en Madrid en 1866 y conforma una figura importante en el panorama de la historia del teatro español con su obra Los intereses creados. Benavente abordó casi todos los géneros teatrales, y en sus obras vamos a encontrar representada una amplia galería de tipos humanos. Ganó el  Premio Nobel de Literatura en 1922.
La obra que nos atañe fue publicada en 1909 y es una de las pocas comedias infantiles que se escribieron. En ella se cuenta la historia de un príncipe que ha leído muchísimos libros y que en su primer contacto con la realidad cree que todo lo que ocurre es como en los cuentos. El rey y la reina decidirán mandar a su hijo al mundo exterior para que aprenda cómo es en verdad junto con su preceptor y su ayudante, Tonino.
Llega un punto en el camino en el que este se bifurca; el príncipe decidirá ir por un lado (que acabará en la casa de una vieja que creerá que es su hada madrina), mientras que Tonino irá por otro que acabará en el castillo de la Bella y el ogro. Seguir los preceptos que vienen en los libros, acarreará al príncipe bastantes problemas; sin embargo, estos acabarán resolviéndose y el protagonista acabará casándose con una de las hijas del rey Chuchurumbé.
El príncipe que todo lo aprendió en los libros es una obra placentera de leer, a pesar de que esté dirigida a un público infantil. Como lectora, he disfrutado bastante con ella, ya que es muy ameno y divertido. Considero que cumple todos los requisitos para atraer a un niño hacia su mundo, ya que reúne numerosas cualidades. Esta obra plantea uno de los mayores conflictos que ha existido siempre: ¿fantasía o realidad? Además, enseña el gusto de la lectura.
Como lectora, el mayor valor que encuentro en esta obra es el amor que posee el príncipe por los libros y por la literatura. El protagonista vive en un mundo de fantasía que le han creado las lecturas de los cuentos de hadas (claro referente a Don Quijote); al final de la misma, el príncipe reflexiona acerca de esto, ya que los cuentos de su infancia le han hecho cargarse de valores que lo han ayudado en su vida.
Mención aparte merecen los dos personajes que acompañan al príncipe, ya que simbolizan dos pensamientos bien diferenciados: el preceptor simboliza el conocimiento y amor por la ciencia, frente al conocimiento que tiene el príncipe por los mundos de hadas; Tonito es un criado al que solo le interesa mirar por su bienestar y al que no le preocupa el resto de las cosas.
Este relato nos puede ayudar a trabajar en clase numerosos aspectos como, por ejemplo, los conceptos de la literatura y lectura. ¿Qué consideran nuestros alumnos qué es la lectura?, ¿les gusta leer? El universo en el que nos metemos al leer esta obra de Benavente está totalmente relacionado con los libros y los cuentos de hadas así que ¿por qué no emplearlo en intentar fomentar el interés de nuestros alumnos por la fantasía y la imaginación que provoca el acto de leer un libro?
Como docentes, tenemos que intentar que nuestros alumnos se diviertan aprendiendo; por ello, creo que una lectura dramatizada en voz alta sería la mejor manera de leer esta obra. Además, esta, podemos trabajar la narración y sus elementos: estructura interna y externa, personajes, tiempo y espacio. Empleando una metodología comunicativa, ya que la obra que estamos leyendo nos va a servir como ejemplo continuo a la hora de explicar la teoría. Organizar una representación en clase también puede ser una buena forma de trabajar esta lectura, ya que se trata de un texto breve de fácil entendimiento. Bajo la historia de fantasía que Benavente nos cuenta, se introducen en ella valores educativos y morales.
Mediante la representación de El príncipe que todo lo aprendió en los libros, vamos a conseguir varias cosas: por un lado, esta actividad nos sirve de incentivo para trabajar el género teatral al igual que la narración: el escenario, los actores, los géneros dramáticos, etc. Por otro lado, también estaremos trabajando la compenetración de los estudiantes a la vez que aprenden a trabajar en grupo con sus compañeros. Por último, estaremos innovando a la hora de realizar las lecturas curriculares, puesto que una lectura dramatizada y su posterior representación es una actividad que se sale de lo corriente y probablemente hará que los alumnos se involucren mucho más.

En conclusión, desde mi opinión como lectora considero que este libro es una buena opción para elegir como lectura en los primeros ciclos de la ESO, ya que resulta muy ligero y divertido para los alumnos y nos sirve a nosotros para trabajar en clase aspectos como el género teatral o los elementos de la narración. Es una obra con la que podemos fomentar la animación lectora de una manera activa y lúdica a la vez que trabajamos aspectos teóricos relacionados con la literatura.

Bernardo Atxaga, Memorias de una vaca, (Carmen María Díaz Meca)

Memorias de una vaca es una obra de Bernardo Atxaga, pseudónimo de Joseba Irazu. El escritor nació en Asteasu, Guipúzcoa, en 1951 y es Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao y en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. En 1975 publicó sus primeros textos y en 1976 su primera novela. Fue en la década de los ochenta cuando decidió dedicarse a la literatura exclusivamente; desde ese momento ha cultivado diversos géneros como la poesía, el ensayo, el teatro y la literatura juvenil. Además, ha sido galardonado con varios premios literarios.
Este libro se publicó en 1992 en la colección del Barco de Vapor (de la editorial SM); se trata de una novela narrada desde el punto de vista autobiográfico dirigida a un público juvenil de a partir de unos doce años, por lo que se trata de una obra que podemos emplear en los primeros cursos de secundaria.
Mo es una vaca negra nacida en 1940 que decide escribir sus memorias a la edad de los cincuenta; sin embargo, esta vaca no es una vaca común, sino que es un animal inteligente que escucha los consejos del Pesado, su voz interior, que la irá guiando durante toda su vida. Desde su presente, Mo nos narra su experiencia vital: su nacimiento en Balanzategui y lo que allí le ocurre hasta su llegada al convent junto con la monja Pauline Bernardette.
Ya desde que nace, Mo no se conforma con ser una vaca. Ella prefiere ser un caballo o un gato, ya que las vacas no significan nada en el mundo; sin embargo, el Pesado le hará darse cuenta de que ser una vaca es algo bueno siempre y cuando ella sea la dueña de sus decisiones. En su hogar, Balanzategui, Mo conocerá a la que será su única amiga: la Vache qui rit. La Vache no cesará de repetir que “no hay nada más tonto en el mundo que una vaca tonta” lo que le demostrará a nuestra protagonista que ninguna de las dos son como las demás vacas de la granja.
La amistad que se crea entre ellas será el impulso que la vaca negra necesita para querer ser inteligente y demostrarlo, ya que ambas sienten la necesidad de saber qué es lo que pasa en el molino de al lado. No tardarán mucho en averiguarlo: la gente del molino está vigilando la granja en la que viven. Las amigas se percatarán de que Balanzategui es en realidad el almacén de provisiones del ejército rebelde que se encuentra guarecido en los montes y de que los dueños de la granja poseen una manera muy útil de comunicarse con ellos para que Gafas Verdes y los demás no los descubran.
No obstante, su estratagema será descubierta y la Vache y Mo se verán obligadas a huir de su hogar. Desde este momento, Mo será consciente de su próxima separación; efectivamente, tiempo después la Vache se unirá al grupo de los jabalíes, mientras que ella proseguirá su camino hasta dar casualmente con Pauline Bernardette, una mujer que está huyendo del matrimonio. Las dos entrarán en el convent y será en este momento cuando la vaca decidirá cumplir la promesa que le hizo al Pesado y narrarnos la primera parte de sus vivencias.
Considero que está obra tiene ventajas y desventajas a la hora de emplearla como lectura en clase: por un lado, Memorias de una vaca es una obra excelente para introducir el tema de la Guerra Civil a unos niños que no tendrán muchos conocimientos acerca de ella. . La manera en que Mo nos narra los acontecimientos me parece la adecuada, puesto que no es extremadamente violenta pero sí nos da pie para hablar de los sucesos de una guerra de manera más detallada.
Al tratarse de una autobiografía, considero que podemos trabajar fragmentos en clase para que los alumnos vean ejemplificada la teoría acerca de la tipología textual que debemos explicarles. Además, Mo vive una crisis de identidad (aspecto que vemos mediante la técnica del monólogo interior), puesto que no le gusta ser una vaca en algunos momentos de su vida; este aspecto puede influir en la lectura de nuestros alumnos, ya que a estas edades ellos suelen estar atravesando por esa crisis.
Por otro lado, tras la lectura de la obra también debo señalar cierta desventaja que personalmente he encontrado en ella: el estatismo de la misma. Desde mi punto de vista, hasta el momento en el que Mo y la Vache se percatan de que Balanzategui no es lo que parece ser, el ritmo del libro no es muy dinámico, ya que se nos cuenta el nacimiento de la protagonista, su vida diaria y las pocas conversaciones que mantiene con su amiga. Tras el descubrimiento del almacén, Mo nos cuenta su vida en el monte y su encuentro con la religiosa que la cuidará a partir de ese momento. Por esta razón creo que este libro puede resultar un poco aburrido para los alumnos.

En conclusión, aunque es un libro que reúne ciertas cualidades que nos pueden servir para trabajar en clase con nuestros alumnos, personalmente no escogería esta obra como lectura, ya que creo que hay otras obras que pueden servirnos a nosotros como profesores y a la vez resultar más entretenidas para los alumnos.

Cartas de invierno, Agustín Fernández Paz (Mª Ángeles Mellado Parreño)


«Lo propio de un escritor es contar claro, seguido y bien. Contar la totalidad humana, que él por su parte tiene la obligación de alimentar con nuevas miradas. Y si hay algo que esté claro en esta dieta es que la persona precisa en primer lugar, como quien bebe agua, beber sueños.»

Álvaro Cunqueiro, 1963





Estas palabras del escritor gallego son las que toma como referente Agustín Fernández Paz (Vilalba, 1947) en su literatura, una reivindicación reiterada de su lucha constante por conseguir el estatus digno que merece la relegada literatura infantil y juvenil. Cunqueiro sentará las bases de la filosofía por la que aboga Fernández Paz en su literatura, destinada a un público joven que bebe de sus historias fantásticas para seguir dando rienda suelta a la imaginación, la curiosidad y el interés por la intriga y el misterio que estos nunca han de perder. Y esto es, sin duda, bien conseguido por el gallego, que mantiene la expectación de su lector-espectador hasta atraparlo en el recreado ambiente literario.

Agustín Fernández Paz es uno de los escritores más conocidos y valorados en el ámbito de la literatura infantil y juvenil, en Galicia y en el resto de España. Autor de más de cuarenta y cinco títulos dirigidos preferentemente a lectores infantiles o juveniles, los libros de Fernández Paz han obtenido numerosos premios, tanto de ámbito gallego como español, siendo reconocido dos veces como el mejor autor del año y obsequiado en tres ocasiones con el premio al mejor libro infantil del año, que concede la Asociación de Escritores en Lingua Galega.

En Cartas de invierno, publicada en 1995 –año en el que además recibió el Premio Rañolas de LIJ– el autor recurre tanto a elementos de la novela de terror como de la cultura gallega, una trama cuyo eje narrativo es una casa que atemoriza a su recién estrenado inquilino, Adrián Nova. Este es convencido por su amigo, el escritor Xavier Louzao, para comprarla. Xavier vuelve a Galicia, tras una larga estancia en Quebec, y se encuentra con las cartas que, durante su ausencia, le fue enviando Adrián. Al principio, en ellas solo se narraban cómo había ido progresando la reforma que Adrián estaba llevando a cabo en su nueva casa, pero conforme pasaba el tiempo estas iban adquiriendo tintes lúgubres en los que se manifestaba la progresiva inquietud del inquilino: llamadas telefónicas con ruidos ininteligibles, mensajes a través de un fax desconectado, sonidos extraños, libros con ilustraciones que cambian. Ante el desasosiego alarmante de su amigo, Xavier decide acudir en ayuda de Adrián y viaja hasta el lugar donde se encuentra la casa.

Teresa, hermana de Xavier, se entera de todo lo ocurrido gracias a la correspondencia que recibe por parte de su hermano donde la pone al corriente de la situación en la que ambos se encontraban. Sin embargo, cuando esta ya no puede esperar más al no recibir más noticias de su hermano y se dirige allí dispuesta a socorrerlos, la casa ya ardía en llamas: Xavier había decidido prenderle fuego pues era la única manera de acabar con todo aquello. Y así lo hizo Teresa con el libro de grabados del que ambos personajes hablaban en las cartas: sólo al quemar el libro podría conseguir que, al menos, Adrián y Xavier descansaran en paz.

La intensidad y el misterio que consigue aquí el autor en cada página de la novela mantienen expectante al alumno-lector: la bien estructurada trama, las sucesivas voces narradoras que se superponen unas sobre las otras, los tintes de novela de terror y la tensión de la acción contribuyen a recrear un ambiente que involucra al lector, quien se siente partícipe y testigo de todo lo que acontece a los personajes. Un género tan marcado y característico como el de terror, que se sale en términos generales de las lecturas habituales en el aula cuyos ejes temáticos responden a otra índole, consiguen captar no tanto la atención del alumno receptor –que ya la tiene el autor desde el inicio– como el interés de continuar leyendo; y no hay actividad de animación lectora más exitosa que la de enganchar a nuestro joven lector sin más ánimo que el de leer por cuenta propia.

Por otra parte, el género epistolar en el que está narrado Cartas de invierno ofrece otras opciones novedosas para trabajar en clase. Si bien los alumnos están más acostumbrados, generalmente, a hacer lecturas narrativas –teniendo en cuenta que el carteo está de capa caída dada la acogida de las nuevas TIC´s en el aula–, el género epistolar es una buena alternativa como innovación lectora. Este aspecto se puede aprovechar, por tanto, en las actividades que se realicen tras la lectura de la novela, en las que sean ellos mismos quienes escriban y creen siguiendo el género epistolar de la trama; incluso se puede proponer que se carteen entre compañeros e inventen, entre todos, una historia de suspense siguiendo la dinámica de Cartas de invierno, de forma que cada alumno escriba una carta adscrita a la carta de su compañero anterior.                       

Trabajar con el género epistolar con alumnos lectores de la etapa de la ESO nos da la oportunidad, además, de transmitir a estos el valor de la lengua y la escritura como vehículo transmisor de mensajes. Es más, escasean en la novela las intervenciones irrelevantes y las descripciones, primando la acción y los sucesos que acontecen a los personajes y que nos van relatando las cartas de Adrián y Xavier, así el lector receptor debe descodificar el contenido de estos mensajes y recrear, partiendo de su imaginación, la escena y el espacio. Y esto no da sino más realismo a nuestra historia. Queda, además, un final abierto en el que se da por zanjada la situación de los personajes, aunque no se resuelve el conflicto; quizá una interesante actividad con los lectores sea que estos tomen las riendas de la trama y sean ellos mismos quienes tengan que resolver la situación, averiguando qué les ha ocurrido a los personajes dentro de la enigmática casa.

El misterio, género de indiscutible atractivo para el lectorado juvenil, la importancia de la familia y la amistad o el papel de la escritura y la lengua como transmisoras de mensajes son solo algunos de los valores que Agustín Fernández Paz refleja en sus Cartas de invierno; así, aprovechando el gancho de este tipo de novelas, se sirve el autor para envolver al receptor juvenil, recreando la tensión y la incertidumbre propias de las novelas de terror en las que acaban sumergiéndose los lectores, expectantes hasta el final de la obra. No olvidemos que nuestra labor es captar el interés explotando las capacidades tanto de la obra como de los alumnos, aunque la voluntariedad y disposición corre a cuenta de estos: la propia iniciativa personal es la verdadera motivación que debe tener un buen lector.


 FERNÁNDEZ PAZ, Agustín, Cartas de invierno, Ediciones SM, Madrid, 2006.