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domingo, 11 de enero de 2015

Campos de fresas, Jordi Sierra i Fabra


 Campos de fresas, Jordi Sierra i Fabra 

(Patricia Pastor Buades)





Campos de fresas es una de las novelas juveniles del ya conocido autor catalán Jordi Sierra i Fabra. En ella, se nos cuenta la noche de fiesta de unos adolescentes que acaba en tragedia, puesto que una de los integrantes del grupo –Luciana- acaba en coma en el hospital, tras haber consumido éxtasis junto a todos sus compañeros. Esa noche de evasión pre-exámenes, se convierte pues en la peor noche de todos ellos y mientras la joven se debate entre la vida y la muerte, sus amigos –Cinta, Santi y Máximo- se preocupan por ella impotentemente; su amiga con problemas alimenticios la apoya como hizo ella en su día; y su novio –Eloy- se culpa por no haber estado junto a ella y haberse quedado a estudiar en su casa, por lo que decide ir con sus compañeros tras el camello que les vendió la droga para intentar ver las sustancias que contenía verdaderamente, al tratarse de una pastilla de eva y así, ayudar a los médicos con los fármacos para la recuperación de Luciana. Paralelamente a ellos, podemos destacar en el relato la visión de la propia familia de la chica y del médico, preocupados por su estado y la investigación de la policía que busca al traficante y al camello que van pasando estas nuevas drogas de diseño. Por último, se introduce el personaje del periodista que busca impactar con esta noticia juvenil y conseguir así la portada de la mañana siguiente.

Además de este planteamiento realista y cercano a los jóvenes de hoy en día por su temática, la novela posee un comienzo muy impactante, ya que empieza en acción y de manera súbita, algo que el lector no se espera, con la llamada que reciben los personajes sobre el estado comatoso de Luciana. Este es un método que engancha enseguida al lector, que nada más leer las primeras páginas se encuentra de lleno metido en la preocupación de los personajes por lo que le puede haber ocurrido a la joven y se pregunta ya cómo pudo haber llegado hasta ese estado. Es más, el  lector se siente atraído por esa intriga a lo largo de toda la novela, puesto que no se nos da de golpe la información de lo que le ocurrió, sino que se va explicando poco a poco en cada uno de los capítulos y a través de los diferentes personajes que estuvieron allí con la chica. Esta tensión además, se intensifica con escenas que buscan impactar al lector como la de la descripción de Luciana intubada en el hospital; y se acerca a ellos a través de escenas reales y cotidianas como la pelea que hay entre Eloy y Santi, las relaciones amorosas que tienen entre ellos (Cinta con Santi y Luciana con Eloy) o la venta de drogas dentro de la discoteca.

Igualmente, aparecen temas como las drogas, el amor, la amistad entre este grupo de chicos, la intención de sexo entre Santi y Cinta mientras sus padres no están, la diversión descontrolada de Raúl, las insistencias de los amigos en tomar droga para pasarlo bien aunque no quieran, las peleas entre ellos, la bulimia de Loreto, la relación distanciada con los padres en el caso de Máximo, la donación de órganos, el mundo del periodismo o la presión a la que está sometido el camello Poli por el traficante de drogas al venderlas. Estamos, por tanto, ante una novela que abarca muchos temas actuales y que abre reflexiones en el lector a través de los diferentes personajes y de sus diversas situaciones individuales, que confinan un mundo real en el que el lector se siente identificado por la cercanía de edad y en su propio comportamiento. Y qué mejor manera de hacerlo que a través de un lenguaje que se adapta en cada situación dependiendo de los personajes que estén interactuando, pero siempre muy cercano a los adolescentes, sobre todo cuando hablan entre amigos.

Finalmente, la estructura del relato es un tanto curiosa a la vez que original: los capítulos de la novela están repartidos según los movimientos de una partida de ajedrez, lo que provoca un ritmo rápido en la obra. Estos movimientos pretenden simbolizar a través de una metáfora estructural una partida de ajedrez donde las piezas blancas representan la lucha de la chica en coma por vencer a la muerte, que está representada por las piezas negras. El pensamiento de la joven, presente en algunos capítulos de la obra, posee siempre dos jugadas opuestas de blancas y negras donde se verá bien reflejada esa batalla constante por vivir y que marcará arrepentimiento y los sentimientos de ella aunque esté inconsciente en el hospital. Para alguien como ella, jugadora de ajedrez en la vida real, el planteamiento de cada movimiento supondrá un paso hacia la vida o hacia la muerte, mientras que para el lector que no se haya hecho con los movimientos de la partida, el camino que está tomando el relato se le escapa; sin embargo, las jugadas dobles en la mente de Luciana, nos ayudarán a comprender a qué altura de la partida se encuentra hasta su “jaque mate” a la muerte.

  


Por último y a modo de conclusión, se puede considerar Campos de fresas como  un libro que toma temas muy cercanos a los jóvenes de hoy en día y con una gran carga emocional y un importante mensaje social. Por lo tanto, recomendaría su lectura a jóvenes de una edad de a partir de los dieciséis años, que pueden vivir directa o indirectamente situaciones de este tipo relacionadas con las salidas nocturnas, el sexo, los trastornos de alimentación, la ética en el periodismo o la relación distante con sus padres de las que pueden aprender y reflexionar; y aunque la historia tenga un final feliz –elemento posiblemente alentador para quien lo lee, pero del cual se podría sacar una lectura errónea-, no nos podemos olvidar de la causa por la cual Luciana se encuentra en coma: las drogas. Sin embargo, también aparecen otros valores más positivos a lo largo del relato, como la amistad y el amor, que permitirá al lector quedarse con un buen sabor de boca. Asimismo, el lenguaje sencillo y cercano al suyo, les permitirá leer la obra sin ninguna complicación y les hará sentirse más cerca de los personajes y de la situación que están viviendo. Por su estilo y su contenido, la novela de Jordi Sierra i Fabra se ha convertido en una lectura muy recomendable para los jóvenes de hoy en día. 

sábado, 10 de enero de 2015

Jacinto Benavente, El príncipe que todo lo aprendió en los libros, (Carmen Mª Díaz Meca)

El príncipe que todo lo aprendió en los libros es una obra de Jacinto Benavente. Este autor nació en Madrid en 1866 y conforma una figura importante en el panorama de la historia del teatro español con su obra Los intereses creados. Benavente abordó casi todos los géneros teatrales, y en sus obras vamos a encontrar representada una amplia galería de tipos humanos. Ganó el  Premio Nobel de Literatura en 1922.
La obra que nos atañe fue publicada en 1909 y es una de las pocas comedias infantiles que se escribieron. En ella se cuenta la historia de un príncipe que ha leído muchísimos libros y que en su primer contacto con la realidad cree que todo lo que ocurre es como en los cuentos. El rey y la reina decidirán mandar a su hijo al mundo exterior para que aprenda cómo es en verdad junto con su preceptor y su ayudante, Tonino.
Llega un punto en el camino en el que este se bifurca; el príncipe decidirá ir por un lado (que acabará en la casa de una vieja que creerá que es su hada madrina), mientras que Tonino irá por otro que acabará en el castillo de la Bella y el ogro. Seguir los preceptos que vienen en los libros, acarreará al príncipe bastantes problemas; sin embargo, estos acabarán resolviéndose y el protagonista acabará casándose con una de las hijas del rey Chuchurumbé.
El príncipe que todo lo aprendió en los libros es una obra placentera de leer, a pesar de que esté dirigida a un público infantil. Como lectora, he disfrutado bastante con ella, ya que es muy ameno y divertido. Considero que cumple todos los requisitos para atraer a un niño hacia su mundo, ya que reúne numerosas cualidades. Esta obra plantea uno de los mayores conflictos que ha existido siempre: ¿fantasía o realidad? Además, enseña el gusto de la lectura.
Como lectora, el mayor valor que encuentro en esta obra es el amor que posee el príncipe por los libros y por la literatura. El protagonista vive en un mundo de fantasía que le han creado las lecturas de los cuentos de hadas (claro referente a Don Quijote); al final de la misma, el príncipe reflexiona acerca de esto, ya que los cuentos de su infancia le han hecho cargarse de valores que lo han ayudado en su vida.
Mención aparte merecen los dos personajes que acompañan al príncipe, ya que simbolizan dos pensamientos bien diferenciados: el preceptor simboliza el conocimiento y amor por la ciencia, frente al conocimiento que tiene el príncipe por los mundos de hadas; Tonito es un criado al que solo le interesa mirar por su bienestar y al que no le preocupa el resto de las cosas.
Este relato nos puede ayudar a trabajar en clase numerosos aspectos como, por ejemplo, los conceptos de la literatura y lectura. ¿Qué consideran nuestros alumnos qué es la lectura?, ¿les gusta leer? El universo en el que nos metemos al leer esta obra de Benavente está totalmente relacionado con los libros y los cuentos de hadas así que ¿por qué no emplearlo en intentar fomentar el interés de nuestros alumnos por la fantasía y la imaginación que provoca el acto de leer un libro?
Como docentes, tenemos que intentar que nuestros alumnos se diviertan aprendiendo; por ello, creo que una lectura dramatizada en voz alta sería la mejor manera de leer esta obra. Además, esta, podemos trabajar la narración y sus elementos: estructura interna y externa, personajes, tiempo y espacio. Empleando una metodología comunicativa, ya que la obra que estamos leyendo nos va a servir como ejemplo continuo a la hora de explicar la teoría. Organizar una representación en clase también puede ser una buena forma de trabajar esta lectura, ya que se trata de un texto breve de fácil entendimiento. Bajo la historia de fantasía que Benavente nos cuenta, se introducen en ella valores educativos y morales.
Mediante la representación de El príncipe que todo lo aprendió en los libros, vamos a conseguir varias cosas: por un lado, esta actividad nos sirve de incentivo para trabajar el género teatral al igual que la narración: el escenario, los actores, los géneros dramáticos, etc. Por otro lado, también estaremos trabajando la compenetración de los estudiantes a la vez que aprenden a trabajar en grupo con sus compañeros. Por último, estaremos innovando a la hora de realizar las lecturas curriculares, puesto que una lectura dramatizada y su posterior representación es una actividad que se sale de lo corriente y probablemente hará que los alumnos se involucren mucho más.

En conclusión, desde mi opinión como lectora considero que este libro es una buena opción para elegir como lectura en los primeros ciclos de la ESO, ya que resulta muy ligero y divertido para los alumnos y nos sirve a nosotros para trabajar en clase aspectos como el género teatral o los elementos de la narración. Es una obra con la que podemos fomentar la animación lectora de una manera activa y lúdica a la vez que trabajamos aspectos teóricos relacionados con la literatura.

Bernardo Atxaga, Memorias de una vaca, (Carmen María Díaz Meca)

Memorias de una vaca es una obra de Bernardo Atxaga, pseudónimo de Joseba Irazu. El escritor nació en Asteasu, Guipúzcoa, en 1951 y es Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao y en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. En 1975 publicó sus primeros textos y en 1976 su primera novela. Fue en la década de los ochenta cuando decidió dedicarse a la literatura exclusivamente; desde ese momento ha cultivado diversos géneros como la poesía, el ensayo, el teatro y la literatura juvenil. Además, ha sido galardonado con varios premios literarios.
Este libro se publicó en 1992 en la colección del Barco de Vapor (de la editorial SM); se trata de una novela narrada desde el punto de vista autobiográfico dirigida a un público juvenil de a partir de unos doce años, por lo que se trata de una obra que podemos emplear en los primeros cursos de secundaria.
Mo es una vaca negra nacida en 1940 que decide escribir sus memorias a la edad de los cincuenta; sin embargo, esta vaca no es una vaca común, sino que es un animal inteligente que escucha los consejos del Pesado, su voz interior, que la irá guiando durante toda su vida. Desde su presente, Mo nos narra su experiencia vital: su nacimiento en Balanzategui y lo que allí le ocurre hasta su llegada al convent junto con la monja Pauline Bernardette.
Ya desde que nace, Mo no se conforma con ser una vaca. Ella prefiere ser un caballo o un gato, ya que las vacas no significan nada en el mundo; sin embargo, el Pesado le hará darse cuenta de que ser una vaca es algo bueno siempre y cuando ella sea la dueña de sus decisiones. En su hogar, Balanzategui, Mo conocerá a la que será su única amiga: la Vache qui rit. La Vache no cesará de repetir que “no hay nada más tonto en el mundo que una vaca tonta” lo que le demostrará a nuestra protagonista que ninguna de las dos son como las demás vacas de la granja.
La amistad que se crea entre ellas será el impulso que la vaca negra necesita para querer ser inteligente y demostrarlo, ya que ambas sienten la necesidad de saber qué es lo que pasa en el molino de al lado. No tardarán mucho en averiguarlo: la gente del molino está vigilando la granja en la que viven. Las amigas se percatarán de que Balanzategui es en realidad el almacén de provisiones del ejército rebelde que se encuentra guarecido en los montes y de que los dueños de la granja poseen una manera muy útil de comunicarse con ellos para que Gafas Verdes y los demás no los descubran.
No obstante, su estratagema será descubierta y la Vache y Mo se verán obligadas a huir de su hogar. Desde este momento, Mo será consciente de su próxima separación; efectivamente, tiempo después la Vache se unirá al grupo de los jabalíes, mientras que ella proseguirá su camino hasta dar casualmente con Pauline Bernardette, una mujer que está huyendo del matrimonio. Las dos entrarán en el convent y será en este momento cuando la vaca decidirá cumplir la promesa que le hizo al Pesado y narrarnos la primera parte de sus vivencias.
Considero que está obra tiene ventajas y desventajas a la hora de emplearla como lectura en clase: por un lado, Memorias de una vaca es una obra excelente para introducir el tema de la Guerra Civil a unos niños que no tendrán muchos conocimientos acerca de ella. . La manera en que Mo nos narra los acontecimientos me parece la adecuada, puesto que no es extremadamente violenta pero sí nos da pie para hablar de los sucesos de una guerra de manera más detallada.
Al tratarse de una autobiografía, considero que podemos trabajar fragmentos en clase para que los alumnos vean ejemplificada la teoría acerca de la tipología textual que debemos explicarles. Además, Mo vive una crisis de identidad (aspecto que vemos mediante la técnica del monólogo interior), puesto que no le gusta ser una vaca en algunos momentos de su vida; este aspecto puede influir en la lectura de nuestros alumnos, ya que a estas edades ellos suelen estar atravesando por esa crisis.
Por otro lado, tras la lectura de la obra también debo señalar cierta desventaja que personalmente he encontrado en ella: el estatismo de la misma. Desde mi punto de vista, hasta el momento en el que Mo y la Vache se percatan de que Balanzategui no es lo que parece ser, el ritmo del libro no es muy dinámico, ya que se nos cuenta el nacimiento de la protagonista, su vida diaria y las pocas conversaciones que mantiene con su amiga. Tras el descubrimiento del almacén, Mo nos cuenta su vida en el monte y su encuentro con la religiosa que la cuidará a partir de ese momento. Por esta razón creo que este libro puede resultar un poco aburrido para los alumnos.

En conclusión, aunque es un libro que reúne ciertas cualidades que nos pueden servir para trabajar en clase con nuestros alumnos, personalmente no escogería esta obra como lectura, ya que creo que hay otras obras que pueden servirnos a nosotros como profesores y a la vez resultar más entretenidas para los alumnos.

Cartas de invierno, Agustín Fernández Paz (Mª Ángeles Mellado Parreño)


«Lo propio de un escritor es contar claro, seguido y bien. Contar la totalidad humana, que él por su parte tiene la obligación de alimentar con nuevas miradas. Y si hay algo que esté claro en esta dieta es que la persona precisa en primer lugar, como quien bebe agua, beber sueños.»

Álvaro Cunqueiro, 1963





Estas palabras del escritor gallego son las que toma como referente Agustín Fernández Paz (Vilalba, 1947) en su literatura, una reivindicación reiterada de su lucha constante por conseguir el estatus digno que merece la relegada literatura infantil y juvenil. Cunqueiro sentará las bases de la filosofía por la que aboga Fernández Paz en su literatura, destinada a un público joven que bebe de sus historias fantásticas para seguir dando rienda suelta a la imaginación, la curiosidad y el interés por la intriga y el misterio que estos nunca han de perder. Y esto es, sin duda, bien conseguido por el gallego, que mantiene la expectación de su lector-espectador hasta atraparlo en el recreado ambiente literario.

Agustín Fernández Paz es uno de los escritores más conocidos y valorados en el ámbito de la literatura infantil y juvenil, en Galicia y en el resto de España. Autor de más de cuarenta y cinco títulos dirigidos preferentemente a lectores infantiles o juveniles, los libros de Fernández Paz han obtenido numerosos premios, tanto de ámbito gallego como español, siendo reconocido dos veces como el mejor autor del año y obsequiado en tres ocasiones con el premio al mejor libro infantil del año, que concede la Asociación de Escritores en Lingua Galega.

En Cartas de invierno, publicada en 1995 –año en el que además recibió el Premio Rañolas de LIJ– el autor recurre tanto a elementos de la novela de terror como de la cultura gallega, una trama cuyo eje narrativo es una casa que atemoriza a su recién estrenado inquilino, Adrián Nova. Este es convencido por su amigo, el escritor Xavier Louzao, para comprarla. Xavier vuelve a Galicia, tras una larga estancia en Quebec, y se encuentra con las cartas que, durante su ausencia, le fue enviando Adrián. Al principio, en ellas solo se narraban cómo había ido progresando la reforma que Adrián estaba llevando a cabo en su nueva casa, pero conforme pasaba el tiempo estas iban adquiriendo tintes lúgubres en los que se manifestaba la progresiva inquietud del inquilino: llamadas telefónicas con ruidos ininteligibles, mensajes a través de un fax desconectado, sonidos extraños, libros con ilustraciones que cambian. Ante el desasosiego alarmante de su amigo, Xavier decide acudir en ayuda de Adrián y viaja hasta el lugar donde se encuentra la casa.

Teresa, hermana de Xavier, se entera de todo lo ocurrido gracias a la correspondencia que recibe por parte de su hermano donde la pone al corriente de la situación en la que ambos se encontraban. Sin embargo, cuando esta ya no puede esperar más al no recibir más noticias de su hermano y se dirige allí dispuesta a socorrerlos, la casa ya ardía en llamas: Xavier había decidido prenderle fuego pues era la única manera de acabar con todo aquello. Y así lo hizo Teresa con el libro de grabados del que ambos personajes hablaban en las cartas: sólo al quemar el libro podría conseguir que, al menos, Adrián y Xavier descansaran en paz.

La intensidad y el misterio que consigue aquí el autor en cada página de la novela mantienen expectante al alumno-lector: la bien estructurada trama, las sucesivas voces narradoras que se superponen unas sobre las otras, los tintes de novela de terror y la tensión de la acción contribuyen a recrear un ambiente que involucra al lector, quien se siente partícipe y testigo de todo lo que acontece a los personajes. Un género tan marcado y característico como el de terror, que se sale en términos generales de las lecturas habituales en el aula cuyos ejes temáticos responden a otra índole, consiguen captar no tanto la atención del alumno receptor –que ya la tiene el autor desde el inicio– como el interés de continuar leyendo; y no hay actividad de animación lectora más exitosa que la de enganchar a nuestro joven lector sin más ánimo que el de leer por cuenta propia.

Por otra parte, el género epistolar en el que está narrado Cartas de invierno ofrece otras opciones novedosas para trabajar en clase. Si bien los alumnos están más acostumbrados, generalmente, a hacer lecturas narrativas –teniendo en cuenta que el carteo está de capa caída dada la acogida de las nuevas TIC´s en el aula–, el género epistolar es una buena alternativa como innovación lectora. Este aspecto se puede aprovechar, por tanto, en las actividades que se realicen tras la lectura de la novela, en las que sean ellos mismos quienes escriban y creen siguiendo el género epistolar de la trama; incluso se puede proponer que se carteen entre compañeros e inventen, entre todos, una historia de suspense siguiendo la dinámica de Cartas de invierno, de forma que cada alumno escriba una carta adscrita a la carta de su compañero anterior.                       

Trabajar con el género epistolar con alumnos lectores de la etapa de la ESO nos da la oportunidad, además, de transmitir a estos el valor de la lengua y la escritura como vehículo transmisor de mensajes. Es más, escasean en la novela las intervenciones irrelevantes y las descripciones, primando la acción y los sucesos que acontecen a los personajes y que nos van relatando las cartas de Adrián y Xavier, así el lector receptor debe descodificar el contenido de estos mensajes y recrear, partiendo de su imaginación, la escena y el espacio. Y esto no da sino más realismo a nuestra historia. Queda, además, un final abierto en el que se da por zanjada la situación de los personajes, aunque no se resuelve el conflicto; quizá una interesante actividad con los lectores sea que estos tomen las riendas de la trama y sean ellos mismos quienes tengan que resolver la situación, averiguando qué les ha ocurrido a los personajes dentro de la enigmática casa.

El misterio, género de indiscutible atractivo para el lectorado juvenil, la importancia de la familia y la amistad o el papel de la escritura y la lengua como transmisoras de mensajes son solo algunos de los valores que Agustín Fernández Paz refleja en sus Cartas de invierno; así, aprovechando el gancho de este tipo de novelas, se sirve el autor para envolver al receptor juvenil, recreando la tensión y la incertidumbre propias de las novelas de terror en las que acaban sumergiéndose los lectores, expectantes hasta el final de la obra. No olvidemos que nuestra labor es captar el interés explotando las capacidades tanto de la obra como de los alumnos, aunque la voluntariedad y disposición corre a cuenta de estos: la propia iniciativa personal es la verdadera motivación que debe tener un buen lector.


 FERNÁNDEZ PAZ, Agustín, Cartas de invierno, Ediciones SM, Madrid, 2006.



Intertextualidad y didáctica en Caperucita en Manhattam, Carmen Martín Gaite (Mª Ángeles Mellado Parreño)



Pero ¿a qué llaman vivir? Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras […] Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar…y vivir es reírse…





Así define Sara Allen, el personaje que da vida a la novela de Carmen Martín Gaite, su particular visión de la vida, un camino libre, autónomo e independiente del que no debemos pasar desapercibidos, indudablemente, como punto de inflexión de la original versión de Caperucita Roja de la mano de Charles Ferrault. Carmen Martín Gaite nos ofrece aquí un juego de metáforas e intertextualidad cuya trama se sitúa en la ciudad de Nueva York. Sara forma parte de una sencilla familia que vive en el barrio de Brooklyn; esta, acompañada de su madre, visita con frecuencia a su abuela para llevarle una tarta de fresas, aunque lo que realmente quiere es salir sin la compañía de su madre para enfrentarse al bosque urbano que representa la isla de Manhattam. El comienzo de la aventura llega cuando la niña, que apenas tiene diez años, se escapa de casa para llevarle a su abuela la famosa tarta de fresa y enfrentarse, por fin, a la grandeza de la ciudad. Sin embargo, el vaivén de gente, la desorientación y la soledad superan los ánimos de Sara, quien pronto se verá socorrida por Miss Lunatic, una vieja mendiga que servirá como eje conductor de la protagonista en su viaje hacia el bosque neoyorquino. Miss Lunatic alienta el espíritu libre e independiente de la protagonista, resultando ser esta la propia estatua de la Libertad.

Por antonomasia, el lobo es Mr. Woolf, un pastelero codicioso y multimillonario que quiere mejorar la receta de sus tartas. Tras su encuentro con la niña, este pretende engañarla para apoderarse de la receta de la famosa tarta de fresas, llevándola en limusina hasta casa de su abuela de forma que llegase él antes que la propia Sara. Sin embargo, la historia coge un rumbo alternativo a las expectativas del lector: Mr. Woolf resulta ser admirador de la abuela de Sara, que fue actriz cuando era joven, y al llegar esta a la casa encuentra bailando a los dos personajes. El final queda abierto a la imaginación del lector: Sara, en posesión de una misteriosa moneda que le regala Miss Lunatic, se dirige a la estatua de la Libertad dispuesta a comenzar sus aventuras. Aunque es aquí, sin duda, donde dan comienzo los episodios de nuestra Caperucita.

La figura de la estatua de la Libertad, la personalidad de la que hace alarde la protagonista, rechazando la rutina y la sumisión frente a su madre, la historia de la abuela y el personaje de Miss Lunatic, que alienta los ánimos de Sara para enfrentar la ciudad, constituyen un juego metafórico que ha de desentrañar el propio lector. Cabe señalar, en este punto, que la relación antagonista subordinación-revelación, reflejada en las mujeres de la obra,  bien puede aplicarse a la época en la que ambas obras fueron escritas: la Caperucita de Perrault (1697) responde al estricto régimen social en el que se hallaba inmersa la Europa del siglo XVII, frente a la democracia emergente reflejada en la Carmen Martín Gaite más contemporánea.

Dista, en gran medida, de ser este el único juego literario del que se vale la autora para presentar su obra: aparecen, aquí, numerosas metáforas (el lobo como símbolo de codicia, la ciudad como espacio de peligros o el viaje de Sara como proceso de crecimiento y madurez), antítesis (la figura de la madre frente a la abuela y a Miss Lunatic) y alusiones intertextuales, no solo al cuento de Ferrault, sino a otras obras que le sirven a la protagonista como referencia (Alicia en el País de las maravillas, Robinson Crusoe o Caperucita Roja). Existe, además, un guiño a la animación por la lectura en la propia protagonista; esta se inicia en los libros de forma muy temprana, le gusta inventarse palabras nuevas e incluso el novio de su abuela, Aurelio Roncali, es otra fuente de motivación para ella dada su profesión de librero.

La evidente intertextualidad que existe entre Caperucita en Manhattam y el cuento original de Charles Perrault, posteriormente retomado por los hermanos Grimm y su transgresora vuelta de tuerca a la historia, no solo es actualizada de acuerdo a los parámetros estéticos, temáticos y estilísticos de los que dejan constancia la literatura contemporánea de Martín Gaite; esta versión actualiza, además, los arquetípicos personajes que aparecen en ella y su correspondiente papel en la trama: como se ha mencionado anteriormente, prima la libertad frente a la sumisión, la independencia frente a la obediencia, la autorrealización frente a la subversión y el valor frente al miedo. Reivindica, así, la autora el papel de una protagonista capaz de afrontar el mundo, desde su condición de mujer, y dispuesta a enfrentar ese bosque urbano, relegando a un segundo plano a una Caperucita sometida a los parámetros de la obediencia y la sumisión. Cabe preguntarnos, de acuerdo a esto, si nuestros alumnos serán capaces de sopesar los límites entre la desobediencia y la libertad de la misma forma que nos propone la autora, algo que no servirá, de un modo u otro, para hacer a estos reflexionar.




Dado el rechazo que sienten los alumnos-lectores por la fantasía literaria, la cual vinculan intrínsecamente con la literatura infantil de la que ya se sienten despegados, es necesario introducir la obra –que podría estar destinada para cualquier grupo de la ESO–, de forma que estos puedan disfrutarla sin que sientan que están limitando su competencia lectora. Con ello, debemos ofrecer un nuevo punto de vista en el que hagamos saber al alumno que la Caperucita de Martín Gaite va más allá de la que cree conocer: esta ya no es un personaje superficial que ofrece una sencilla moraleja; aquí, Sara lleva implícito un trasfondo social y moral que reivindica la autora a través del controvertido papel de sus personajes. Desde el momento en el que al alumno se le presenta un reto que debe desentrañar para llegar al verdadero sentido transgresor de la novela, se activa su competencia lecto-literaria y este deja de creer que está ante una novela infantil que no merece atención alguna. Y es aquí donde entra en juego su propia motivación personal.

Aprovechando la intertextualidad que ofrece la obra ya desde el título que la presenta, se puede trabajar el intertexto de los alumnos en el aula a través de cuestiones guiadas. Así, valiéndonos de la competencia lecto-literaria de la que estos disponen, las actividades de prelectura estarán destinadas a la posible relación que establezcan ambas historias y las expectativas de las que partan antes de su lectura, valorando, más tarde, si esta ha respondido o no a lo que se esperaban con respecto al título original. Tras la lectura, se puede proponer que establezcan el paralelismo existente entre los personajes arquetípicos (la abuela, la niña, el lobo o el bosque/ciudad) y la acción (el encuentro entre Caperucita y el lobo, la codicia de Mr. Woolf o el viaje a Manhattam a casa de su abuela para llevarle una tarta), así como la valoración –positiva o negativa– del comportamiento de la protagonista. Es interesante, por otra parte, que desentrañen, a través del debate, el papel que asume en la novela la figura de la estatua de la Libertad: el alumno-lector ha de comprender la relación metafórica que existe entre la famosa estatua con respecto a la característica personalidad de Sara y cómo funciona aquella de eje conductor.

De la misma forma que las preguntas guiadas llevan al lector a descifrar el engranaje moral en la obra de la salmantina, hemos de advertir que la moraleja no es, por ende, la misma en ambos casos. En la Caperucita de Ferrault se advierte al lector infantil de las consecuencias de la desobediencia; sin embargo, Carmen Martín Gaite ofrece aquí una alternativa a su lector –ya no tan infantil– con el trasfondo de la obra: las ganas de crecer, el anhelo de ver mundo, las ansias de independencia y el valor del que hace alarde la protagonista de la historia que, finalmente, acude a la estatua de la Libertad para ver los secretos que esta oculta.

El final abierto de Martín Gaite nos ofrece, además, otras propuestas para trabajar en clase. Aprovechando que la historia aún no se da por acabada, podemos proponer a los alumnos que creen por sí mismos un final alternativo, más o menos semejante a la fábula original, de forma que el desenlace ofrezca una moraleja definitiva a su lector concebida por el propio alumno. Este tipo de actividades, junto con el eje temático de la lectura, no solo potencian el intertexto del alumno que lee la obra esperando encontrarse una fábula que ya conoce, sino que rompe sus expectativas y ofrece una visión paralela que nunca antes habían barajado: una Caperucita independiente y valerosa que ayuda al lobo a encontrarse a sí mismo. Además, si bien la lectura es abierta, el alumno tendrá que hacer uso de su imaginación potenciando, así, sus competencias creativas, artísticas y literarias, creando un todo que contribuirá a la formación de la competencia lecto-literaria del joven lector.

Tan avenida la obra a la explotación didáctica, Carmen Martín Gaite hace aquí un juego de metáforas internas y guiños intertextuales de los que el lector puede disponer en función de sus competencias y su valoración final. Esto no es sino un puente que se ofrece como vía entre lector y lectura, en el que este tiene licencia para dar rienda suelta a la imaginación, dejando constancia de su capacidad para una inventiva digna de tan controvertida fábula. El final abierto, las constantes referencias literarias, los personajes arquetípicos, lo metafórico, tan real como ficticio, y la reivindicación social que lleva por bandera el nombre de la autora, conforman el transgresor eje de la obra, convirtiéndola, así, en una novela viva y dinámica prestada a los vaivenes interpretativos de su lector-receptor.  


MARTÍN GAITE, Carmen (1925-2000), Caperucita en Manhattam, Ediciones Siruela S. A., Ed. especial XV aniversario, 2005.

jueves, 8 de enero de 2015

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Buenos días a todas y todos.

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César Mallorquí - La catedral (Laura Aguilar Peñalver)

La catedral es una novela publicada en 2000 por la editorial SM. Su autor, César Mallorquí (Barcelona, 1953) es periodista, guionista de radio, creativo de publicidad y escritor español de novelas de literatura fantástica y ciencia ficción. Dados sus estudios en Periodismo, dedicó su labor profesional a este sector hasta 1981, cuando lo cambió por la publicidad. Durante una década trabajó como creativo en varias agencias hasta que en 1991 volvió al mundo de la literatura.
Esta novela es de género histórico, ambientada en la Edad Media. El protagonista es un joven, Telmo Yáñez, hijo de un maestro constructor, que acaba de ser admitido en la logia de los francmasones gracias a su gran habilidad como escultor. Su padre debe partir a Santiago de manera misteriosa, y a su regreso tienen lugar sucesos extraños, que se suman a la aparición de tres caballeros templarios disfrazados de francmasones. Le comunican que Telmo debe acompañarles a Kerloc’h, Bretaña, donde está construyéndose una catedral y él es un elemento fundamental para intentar desentrañar la desaparición del maestro Thibaud.
Una vez en Kerloc’h, Telmo y los tres templarios se infiltran entre los trabajadores de la catedral para llevar a cabo su misión. Telmo es seleccionado para esculpir una figura de San Miguel para adornar el altar, además de trabajar en la construcción de la catedral. La financiación y organización del edificio corre a cargo de la Orden del Águila de San Juan, desaparecida durante mucho tiempo y sospechosa de un gran robo de los tesoros de la cristiandad.
Conforme avanzan los sucesos, el clima misterioso e incluso esotérico se adueña de la historia, pues el templo no está dedicado a Dios, sino a Lucifer. Una vez que Telmo ha descubierto esto, alerta a los templarios, pero ya es demasiado tarde y son encarcelados. A partir de este momento, y hasta el final, se sucede una serie de batallas para impedir que invoquen al demonio, aunque ya es demasiado tarde. Cuando miran al mar, cercano a la catedral ya construida, una imagen siniestra aparece ante sus ojos: cielo y mar se han unido en un torbellino del que nace Lucifer; sin embargo, la novela acaba de manera feliz. Los templarios derrotan a los miembros de la Orden del Águila de San Juan y Telmo vence al demonio, de manera que la vida de todos los habitantes de Kerloc’h vuelve a la normalidad.
La lectura de esta novela es amena e intrigante, ya que desde los primeros capítulos se presentan hechos misteriosos que no se resolverán hasta las últimas páginas. Cuando leemos esta obra no notamos en ningún momento que se trata de literatura juvenil, ya que el autor consigue que la historia, así como la manera de contárnosla, sea accesible tanto para un público joven como para uno adulto. Es un gran ejemplo para introducir a los lectores que nunca antes se hayan acercado a la novela histórica, pero también una muy buena obra para los amantes de este género.
El tratamiento de la intriga al final de cada uno de los capítulos nos hace sumergirnos más aún en el libro y sentirnos cada vez más ligados a los personajes, en especial a Telmo. El protagonista vive muchas experiencias y el lector las vive junto a él gracias a la gran tarea narrativa que realiza César Mallorquí. Además, a través de las fabulosas descripciones que hace sobre arquitectura podemos aprender mucho acerca de este mundo, como si nos encontrásemos en una clase de Historia del Arte.
Como lectores, esta novela deja muy buen sabor de boca, ya que continuamente se producen giros inesperados en la historia, sobre todo en los capítulos finales, donde el autor nos deja atónitos tras la resolución de cada uno de los misterios.
La catedral es una novela algo monótona en los primeros capítulos, pero enseguida engancha al lector y le arrastra al siglo XIII a través de la perfecta descripción que el autor realiza de la sociedad medieval. Gracias a esto nos puede servir de introducción al tema de la literatura medieval, como medio de contextualización de la época. Los alumnos podrían ver así cómo eran las costumbres en la Edad Media, los paisajes, las gentes, los gremios, etc.

Trabajar esta obra en el aula de Secundaria sería muy buena idea, puesto que probablemente gran parte de los alumnos quedarían enganchados a ella. Como ya veíamos, el misterio es uno de los elementos fundamentales de esta novela, por lo que si el docente sabe explotar esa cualidad, se puede conseguir que muchos de ellos la lean con entusiasmo.